Babeuf Manifiesto de los plebeyos.pdf

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sistema de sociabilidad conforme a la justicia: Discurrid tanto como os plazca -dice- sobre la mejor
forma de gobierno; nada habréis hecho mientras no destruyáis los gérmenes de la codicia y de la
ambición. No hay necesidad de comentario para explicar que en la mejor forma de gobierno es
necesario que haya imposibilidad para todos los gobernados de devenir o más ricos o más poderosos
en autoridad que cada uno de sus hermanos; a fin de que al término de una justa, igual y suficiente
parte de las ventajas para cada individuo, la codicia se detenga y la ambición encuentre límites
juiciosos.
Robespierre os dirá, también, que tales son las bases de todo pacto fundado sobre la equidad, sobre
los derechos primitivos o naturales. La finalidad de la sociedad, dice en su Declaración de los
Derechos,14 es la felicidad común, es decir, evidentemente, la felicidad igual de todos los
individuos, que nacen iguales en derechos y en necesidades. Ymás ádelante, esta otra máxima de
moral eterna: “No hagas jamás a otro lo que no quieres que te hagan a ti. Es decir: Haz a los otros
todo lo que tú quisieras que te hicieran; desea que cada uno de los demás sea tan feliz como tú
deseas serlo, sé, en consecuencia totalmente igual a ti, ni más ni menos.”
¿Y no estaba armado de soberana razón Saint-Just, cuando ante quienes parecía quisieran discutir
sus verdades indiscutibles, les dio una doble égida al dirigiros estas admirables palabras a vosotros,
sans-culottes aún oprimidos?: “Los desgraciados son las energías de la tierra, tienen derecho a
hablar como amos a los gobiernos que les abandonan.”
La religión de la igualdad pura, que nosotros osamos predicar a todos nuestros hermanos despojados
y hambrientos, quizá les parezca a ellos mismos nueva, aunque sea tan natural; les parecerá, digo,
quizá nueva, por la sencilla razón de que hace tanto tiempo que hemos envejecido dentro de
nuestras bárbaras y tortuosas instituciones que nos cuesta concebir otras más justas y más simples.
Pero deben saber que yo no soy el primer precursor de ellas.
Ocuparon plenamente la carrera de convencional de Armando de la Meuse quien aún vive y se
desliza por no sé cuál de los dos consejos. ¿Podrá creerse que el 26 de abril del 93, el periódico de
Adouin conserva un discurso de él verdaderamente notable?
“Los hombres que quieren ser verdaderos, confesarán que después de haber obtenido la igualdad
política en el derecho, el anhelo más natural y el más activo es el de la igualdad de hecho.
“Es más, en el anhelo o la esperanza de esta igualdad de hecho, la igualdad de derecho no sería más
que una cruel ilusión que, en lugar de las dichas que ha prometido, sometería al suplicio de Tántalo
a la parte más numerosa y útil de los ciudadanos.
“Añadiré que las primitivas instituciones sociales no han podido tener otro objetivo que el de
establecer la igualdad de hecho entre los hombres; y diré, además, que en moral no puede existir
una contradicción más absurda y más peligrosa que la igualdad de derecho, sin la igualdad de
hecho: Ya que si yo tengo el derecho, la privación del hecho es una injusticia que subleva.
“Apartemos todas estas distinciones metafísicas, estas producciones falaces y seductoras de la
vanidad y del egoísmo. Hay una verdad eterna, a la cual todo el mundo finalmente debe rendir
voluntariamente el homenaje que se le debe, si se quiere evitar el homenaje forzado que se le
quisiera quizá rendir cuando fuera demasiado tarde; es que la igualdad de derecho es un don de la
naturaleza, y no una donación de la sociedad: he aquí los derechos del hombre. Pero por no haber
sido reconocidos estos derechos, y la igualdad de derecho no habiendo procurado casi nunca a los
hombrse débiles la igualdad de hecho, sin la cual la primera no podía representar nada para ellos, se
han reunido para asegurarse mutuamente, y de hecho, el gozo de la igualdad de derecho: He aquí los
derechos del ciudadano.
“Si los hombres, en el estado natural, nacen iguales en derecho, de ningún modo nacen iguales de
14La declaración de los Derechos del 93 está totalmente redactada por Robespierre. Véase el proceso verbal de la sesión de los
Jacobinos, del 21 de abril del 93, un proyecto de Declaración de los Derechos, presentado por él y cuya adopción, impresión y
comunicación fueron votados. Compárese este proyecto con la Declaración tal y como fue definitivamente adoptada, no hay ni una
palabra cambiada.
