EL ESTADO DE NECESIDAD DE LOS CIUDADANOS ANTE LA OCUPACIÓN DE LAS VIVIENDAS PUBLICAS DESOCUPADAS.pdf


Vista previa del archivo PDF el-estado-de-necesidad-de-los-ciudadanos-ante-la-ocupaci-n-de-las-viviendas-publicas-desocupadas.pdf


Página 1 2 3 4 5 6 7

Vista previa de texto


En una tierra en que todo es posesión de otro y en la cual no se pueden
apropiar nada, quedan reducidos a morir de hambre. Entonces, no
conociendo la sociedad más que por sus desventajas, ¿están obligados a
respetar las leyes? No, sin género de duda; si la sociedad los abandona,
vuelven al estado natural, y cuando reclaman por la fuerza derechos de
que no pudieron prescindir sino para proporcionarse mayores ventajas,
toda autoridad que se oponga a ello es tiránica, y el juez que los condene a
muerte, no es más que un vil asesino.
Para mantener la sociedad es necesario obligarles a respetar el orden
establecido, ante todo, debe satisfacer todas sus necesidades. La sociedad
debe asegurarles su subsistencia, un abrigo conveniente, entera
protección, socorro en sus enfermedades y cuidados en su vejez, porque no
pueden renunciar a los derechos naturales, en tanto que la sociedad que no
haga preferible este estado al natural. Solamente después de haber
cumplido todas las obligaciones con sus miembros es cuando tiene derecho
a castigar a los que violan sus leyes. [...] El derecho de poseer procede del
derecho de vivir; así es que todo lo indispensable para la existencia es
nuestro, y nada superfluo nos debe pertenecer legítimamente mientras que
otros carecen de lo necesario. He aquí el fundamento legítimo de toda
propiedad, tanto en el estado natural como en el de sociedad.”.
Antes de ser privada, como no es el caso, puesto que son viviendas de
protección oficial, publificadas, la propiedad es y será social, a raíz de lo
cual, mal podría hablarse de propiedad individual en términos perfectos
cuando luego de casi dos centurias de existencia del Estado moderno, el
mismo carece aún de aptitud para allanar el camino hacia el futuro acceso a
una vivienda para cada uno de sus ciudadanos.
Sin embargo, de ello debe concluirse que la Administración se encuentra
imposibilitada de dar una solución al desposeído, puesto que no lo hace. Lo
que debe quedar en claro, en última instancia, es que la actuación del
Estado debe ser racional; por lo que no serán admisibles las soluciones de
máxima cuya finalidad primordial sea la exacerbación de la venganza
pública y privada, como sucedería de aplicar el tipo en cuestión dada las
circunstancias en las que nos movemos.
Pero el primer paso debe venir de la mano de una solución multifacética
que ponga sobre el tapete los problemas y eventuales soluciones que