PARABOLAS PARA FORMAR EN VALORES.pdf


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36.- EL SUEÑO DE LOS TRES ARBOLES
En la cumbre de una montaña, tres arbolitos soñaban lo que les gustaría
ser cuando cuando fueran grandes.
El primero suspiró y dijo mirando las estrellas:
-A mí me gustaría estar siempre repleto de oro y piedras preciosas. Yo
seré un baúl donde guardarán los tesoros más preciosos.
El segundo arbolito miró un arroyo que corría cerca de sus pies y dijo:
-Yo deseo viajar por los océanos y llevar reyes y ejércitos gloriosos sobre
mí. Seré un barco majestuoso.
El tercero miró hacia el valle que estaba al pie de la montaña y al ver a los
hombres y mujeres trabajando con esmero, dijo:
-Yo no quiero alejarme nunca de la cumbre de esta montaña. Quiero crecer
y crecer, hasta convertirme en el árbol más alto del mundo, para que, cuando los
hombres y las mujeres me miren, levanten sus ojos al cielo y piensen en Dios.
Fueron pasando los años con su carga de lluvias, soles, tormentas y
noches estrelladas. Los pequeños arbolitos soñadores crecieron y se convirtieron
en tres árboles fuertes y vigorosos en cuyas ramas tejían nidos los pájaros más
grandes que surcaban los cielos.
Un día, subieron a la cumbre tres leñadores.
-¡Qué árbol tan preciso! -dijo uno de los leñadores, y agarrando con
decisión su hacha brillante, empezó a cortar al primer árbol que temblaba de
emoción al pensar que estaba a punto de convertirse en ese baúl que tanto había
anhelado..
Mucho le gustó al segundo leñador el otro árbol que, mientras lo derribaban,
pensaba que por fin se convertiría en el barco de un rey muy poderoso que,
montado sobre él, emprendería osados viajes de conquista.
El tercer árbol sintió que su corazón comenzaba a galopar de dicha cuando
le miró el último leñador. El árbol se irguió consciente de su altura y agitó contra
el cielo su rama más alta. Pero el leñador ni siquiera se detuvo a contemplar la
majestad de su belleza, y dijo: “Para lo que yo lo necesito, cualquier árbol es
bueno para mí”. Y con su hacha plateada en muy poco tiempo acabó con el árbol y
sus sueños.
El primer árbol se emocionó mucho cuando el leñador lo llevó a una
carpintería. Pronto, sin embargo, le invadió la tristeza. El carpintero lo convirtió en
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