PARABOLAS PARA FORMAR EN VALORES.pdf


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-Porque sólo el Tiempo es capaz de entender y ayudar a un gran Amor.
El tiempo es para el amor como el viento para el fuego: aviva los fuertes, y
mata los débiles. La pasión es pasajera, y el placer por su propia naturaleza es
frágil y perecedero. El amor verdadero, como los buenos vinos, se va añejando
con el tiempo, se va acrisolando con la convivencia compartida de dichas,
alegrías, sufrimientos y problemas. Sólo el tiempo demuestra si el amor era
profundo y real, si estaba asentado en raíces firmes y no en la ilusión, capaz por
ello, de sobrevivir a las dificultades, rutinas y percances. El tiempo va cincelando
el rostro del amor verdadero, permite descubrir siempre nuevos rasgos, matices
insospechados e ignorados en la persona que se ama. El tiempo posibilita una
comunión cada vez más profunda, la vivencia de renovadas y cada vez más
maduras intensidades, más allá de los espejismos y relámpagos de la juventud.
De ahí la importancia de educar el corazón, la fortaleza, la responsabilidad para
ser capaces de vivir y construir cada día con nuevo entusiasmo el amor. Como
decía Saint Expupery, el autor de El Principito: “ Amar no es estarse mirando los
dos largamente a los ojos, sino mirar los dos en la misma dirección”. El amor
implica un proyecto en común, un largo caminar juntos, una decisión de vivir para
el otro y con el otro en las alegrías y en las penas . De ahí la necesidad de
alimentar cada día el amor, de no permitir que se trivialice o rutinice. El amor es
como el agua: Si lo detienes, se pudre y se va muriendo. Sólo el agua en
movimiento tiene vida y puede darla, lleva en sus labios murmullos de canciones
que alegran corazones. Hogar tiene las mismas raíces que hoguera: El amor es
como el fuego: si dejas de alimentarlo, se apaga y sólo deja en los labios el sabor
amargo de cenizas.

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