PARABOLAS PARA FORMAR EN VALORES.pdf


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25.- ESCRIBIR
Benito Pérez Galdós fue, sin duda alguna, la figura cumbre del realismo
español del siglo XIX. Autor de una vastísima obra literaria que incluyó unas
ochenta novelas y 22 obras de teatro, fue capaz de reflejar como nadie,
especialmente en los 46 volúmenes de “Episodios Nacionales”, la sociedad
española de su tiempo. Siendo ya anciano, fue invitado por unos amigos a pasar
una temporada en la ciudad de Sitges. Como estaba ya casi ciego, para escribir
necesitaba de un secretario que fuese tomando nota de lo que él decía.
Una tarde en que Pérez Galdós se encontraba en la biblioteca de la casa
dictando unos textos, la dueña de la casa le envió un recado con la sirviente, una
muchacha recién llegada del campo. Al cabo de un rato, la joven regresó diciendo
que no había podido dar el recado porque estaban muy ocupados escribiendo.
-Ellos no, quien escribe es Don Benito –intentó aclararle la señora.
-Está muy equivocada, señora –respondió la criada-. Lo único que hace
Don Benito es hablar. Quien realmente escribe es el señor que le acompaña.
Muchos piensan que escribir es copiar y, de hecho, hay alumnos que
pasaron diez, quince o más años en el sistema educativo y en muy raras
ocasiones escribieron algo propio, ni se les enseñó a escribir realmente, a
comunicar de un modo personal su pensamiento o a volcar en un texto su
creatividad. Se limitaron simplemente a copiar y transcribir en cientos de páginas
las palabras y pensamientos de otros, sin importar si lo hicieron en dictados,
copiando directamente de los libros o enciclopedias en esos trabajos tan mal
llamados de “investigación”, o previa memorización para responder exitosamente
la serie de pruebas y exámenes que deben realizar en los largos años de
escolarización. Y es que, como expresa magistralmente el escritor Julio Ramón
Ribeyro, “escribir, más que transmitir un conocimiento, es acceder a ese
conocimiento. El acto de escribir nos permite aprehender una realidad que hasta el
momento se nos presentaba en forma incompleta, velada, fugitiva, caótica.
Muchas cosas las comprendermos sólo cuando las escribimos”.
Si la escritura es un medio de comunicación y de creación, lo es también
para aprender a pensar, pues es un medio privilegiado de expresión y reflexión del
pensamiento. Cuando escribimos, meditamos sobre las ideas que queremos
expresar, examinamos y juzgamos nuestros pensamientos. Esto es tan cierto que
uno no termina de comprender bien una idea hasta que la escribe. “Si quieres
saber lo que piensas, escríbelo”. Detrás de muchas resistencias a escribir, se
ocultan las resistencias a pensar, y es triste constatar cómo la escuela ha
descuidado la ejercitación continua de la escritura personal y creativa.
Escribir es comunicar, derramarse en los demás para desatar procesos de
creación, de ilusión, de esperanza. Como ha dicho Eduardo Galeano, “uno
escribe, pero el texto se realiza en el lector. Las palabras viajan dentro de él, le
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