PARABOLAS PARA FORMAR EN VALORES.pdf

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felicidad, y con tal de obtenerlo , están dispuestos a cualquier cosa. Creyendo
encontrar la libertad, esclavizan sus vidas al dinero.
El dinero es necesario para vivir, pero es muy triste vivir para el dinero. Lo
importante no es tener riqueza, sino ser rico uno mismo. Decimos que tal
empresario, artista, deportista o profesional, es muy rico, pero ¿rico en qué? ¿Es
verdaderamente rico como persona, rico en paz, en generosidad, en plenitud, en
felicidad? El dinero, ciertamente, puede comprar muchas cosas, pero no compra
lo importante ni logra satisfacer los deseos más profundos:
“Se compra la cama, pero no el sueño”. ¿De qué nos sirve dormir en camas
de oro y sobre colchones de exquisitas plumas si no podemos conciliar el sueño?
“Se compra una casa, pero no un hogar”. La esencia de un hogar no está
en los muebles, las salas espaciosas, las lámparas de finos cristales, las vajillas
de plata, la cocina integral... Hogar viene de la palabra latina “focus”, que significa
calor. En muchas mansiones lujosísimas, las personas languidecen de tedio,
aburrimiento y soledad. Un hogar no se compra: un hogar se hace, se va
construyendo día a día con amor.
“Se compra el placer, pero no el amor”. El placer es pasajero, el amor
perdura. El placer nunca llena los vacíos del alma, no satisface plenamente, el
amor verdadero, sí. Muchos compran cuerpos y placeres, pero no logran comprar
los corazones. Son tal vez, temidos o envidiados, pero no son amados.
“Se compra un crucifijo, pero no la fe”. Muchos exhiben en sus cuellos
crucifijos de oro, pagan celebraciones religiosas suntuarias, llaman a la prensa
cuando regalan grandes limosnas. Nada de eso, sin embargo, les acerca a Dios.
Muchos ateos atesoran costosísimas obras de arte religioso, y sobre la sencillez y
humildad de muchos pobres y pequeños brota robusta una gran fe.
El secreto no consiste tanto en amontonar dinero, sino en convertirlo en
fuente de genuina felicidad. Mucha gente tiene dinero pero no son felices. Buscan
la felicidad donde no se encuentra. Siguen a ciegas las promesas de los
vendedores de ilusiones...
Nunca serás feliz si causas problemas a otros, si explotas, si usas tu poder
para oprimir y humillar. Sólo encontrarás la felicidad si no la buscas directamente,
si te comprometes a hacerla posible para los demás.
Sé un maestro sembrador de felicidad. Esfuérzate por comprender y querer
a cada alumno y trata de que tu salón sea una larga fiesta de la amistad, el trabajo
y el servicio.
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