PARABOLAS PARA FORMAR EN VALORES.pdf


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el mecánico embadurnado de grasa.
Dios está en el obrero de manos callosas
y frente bañada de sudor
luchando por sembrar la justicia
por sembrar el amor
en medio de protestas y rebeldías.
Así es Dios,
siempre ocupado, construyendo un ideal.
Pero hay quienes lo imaginan
sentado en su trono celestial
limpio, sereno, inmaculado
rodeado de ángeles puros,
y entonces piensan que seguir a Dios
es apartarse del mundo que les rodea
y caminan en la orilla con las manos juntas,
limpios, tranquilos, felices de vivir allí.
De vez en cuando meten las manos en el mundo
para hacer una buena acción
que es más bien un tranquilizante de conciencia
y procuran no mancharse
no contaminarse con la suciedad
y vuelven a tomar su camino
convencidos de que siguen a Dios.
Pero se olvidan que Dios tiene las manos sucias
y que vive con los pobres
y que quien quiere seguirle
debe disponerse a ensuciarse las manos.
Dios está aquí, con sus hijos predilectos:
los pobres.
¿De qué sirve si te vas por la orilla?
Dios quiere que te ensucies las manos con El
que te enredes en la trama humana,
como lo hace El.
No te ocultes en el manto de Dios
para no tener nada que ver con los que te rodean.
Dios lucha en el hombre de hoy
y cuenta contigo.
***
Cuenta una leyenda que hace muchos años vivían tres hermosas
princesas en un palacio real. Una mañana, mientras paseaban por el maravilloso
jardín con sus fuentes y rosales, empezaron a preguntarse cuál de las tres tenía
las manos más hermosas. Elena, que se había teñido los dedos de rojo agarrando
unas fresas, aseguraba que las suyas eran las más hermosas. Antonieta, que
había estado entre las rosas y sus manos habían quedado impregnadas de
perfume, no tenía la menor duda de que las suyas eran las más bellas. Juana
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