PARABOLAS PARA FORMAR EN VALORES.pdf

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había metido los dedos en el arroyo cristalino y las gotas de agua brillaban como
diamantes. También ella estaba convencida de que sus manos eran las más
hermosas.
En esos momentos, llegó una muchacha menesterosa que les pidió una
limosna. Las princesas, al ver su aspecto sucio y lamentable, pusieron cara de
asco y se fueron de allí. La mendiga pasó a una cabaña que se hallaba cerca
donde una mujer tostada por el sol y de manos toscas y manchadas por el trabajo,
le dio un pan.
Cuenta la leyenda, que la mendiga se transformó en un ángel que apareció
en la puerta del jardín y les dijo a las princesas:
-Las manos más hermosas son aquellas que están dispuestas a bendecir y
ayudar a sus semejantes.
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