PARABOLAS PARA FORMAR EN VALORES.pdf

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14.- LAS MANOS MAS HERMOSAS
Alberto Durero fue un afamado pintor y grabador alemán, sin duda alguna el
representante más genial del Renacimiento en el norte de Europa. Hombre de un
profundo humanismo, gozó durante su vida de gran prestigio y popularidad. Entre
las obras que más gustan a la gente y que han sido reproducidas en millones de
copias, se encuentra sus “Manos Orantes”. Esta es su historia:
Alberto Durero y Franz Knigstein eran dos jóvenes amigos que luchaban
contra toda adversidad por llegar a ser artistas. Como eran muy pobres y no
tenían ningún mecenas que los ayudara, decidieron que uno de ellos estudiaría
arte y el otro buscaría trabajo y sufragaría los gastos de los dos. Pensaban que,
cuando el primero culminara sus estudios y ya fuera un artista, con la venta de sus
cuadros podría subvencionar los estudios del compañero.
Echaron a suertes para decidir quién de los dos iría primero a la
universidad. Durero fue a las clases y Knigstein se puso a trabajar. Durero alcanzó
pronto la fama y la genialidad. Después de haber vendido algunos de sus
cuadros, regresó para cumplir su parte en el trato y permitir que Franz comenzara
a estudiar. Cuando se encontraron de nuevo, Alberto comprobó dolorosamente el
altísimo precio que había tenido que pagar el compañero. Sus delicados y
sensibles dedos habían quedado estropeados por los largos años de duro trabajo.
Tuvo que abandonar su sueño artístico, pero no se arrepintió de ello, sino que se
alegró del éxito de su amigo y de haber podido contribuir a ello.
Un día, Alberto sorprendió a su amigo de rodillas y con sus nudosas manos
entrelazadas en actitud de oración. De inmediato, el artista delineó un esbozo de
la que llegaría a ser una de sus obras más famosas “Manos Orantes”.
Necesitamos una educación que se oriente no meramente a formar la
mente, sino también el corazón y las manos. Manos siempre abiertas a la ayuda y
el servicio, que nunca se cierren en puño que amenaza y que golpea. Manos
hábiles, trabajadoras, que asumen el trabajo como medio fundamental de
realización y buscan la excelencia en todo lo que hacen. Manos que acarician, que
saludan con afecto, que aplauden con júbilo los triunfos ajenos, que dan pero
también reciben y agradecen. Manos que sanan, dan calor, acortan distancias.
Manos encallecidas por el servicio y el trabajo. Como las de Dios:
Dios tiene las manos sucias
el pelo despeinado
su ropa huele a tierra y a sudor
sus modales son rudos.
Sí, porque Dios está en el pobre que
encontramos en la calle,
el mendigo que interrumpe nuestros pasos
el obrero de manos callosas
el muchacho que vende periódicos
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