PARABOLAS PARA FORMAR EN VALORES.pdf

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El propio Dios se hizo hombre para remacharnos, con su palabra y con su
ejemplo, que lo importante es el servicio. De ahí que su mandamiento principal, el
distintivo de sus seguidores es el amor práctico, el que cura las enfermedades,
calma el hambre, ofrece corazón... Importante es la fortaleza, la sabiduría, el
fervor religioso, pero de nada valen sin caridad o sin solidaridad. La propia
oración no tiene sentido si no me ayuda a ser mejor, si de ella no salgo dispuesto
a derramarme sobre los demás. Tenemos que ser como el manantial, que no
guarda para sí su caudal, si no que se derrama dando vida. Y lo hace con alegría,
cantando. Si guardara para sí su agua, se pudriría y se le morirían las canciones.
Cuanto más amor demos, más nos llenaremos de amor. El único modo de
llenarnos de amor es dándolo. Todo lo que damos a los demás, termina volviendo
a nosotros. Compadecerse del hambre, del dolor, de la miseria, implica
comprometerse para aliviarlas o erradicarlas. Compasión viene de compartir:
participar de la misma pasión, del mismo sufrimiento. Si te apresaran por ser
cristiano, y dijimos que el distintivo del cristiano es el amor vuelto servicio ¿Qué
pruebas alegarían para condenarte? Vive y enseña a vivir la vida como don para
los demás. “En todo amar y servir”, como decía Ignacio de Loyola.
Recuerda el bellísimo poema de Gabriela Mistral:
Toda la naturaleza es un anhelo de servicio.
Sirve la nube, sirve el viento, sirve el surco.
Donde haya un árbol que plantar, plántalo tú;
donde haya un error que enmendar, enmiéndalo tú;
donde haya un esfuerzo que todos esquivan, acéptalo tú.
Sé el que apartó la piedra del camino,
el odio de los corazones,
y las dificultades del problema.
Hay alegría de ser sano y de ser justo;
pero hay sobre todo,
la hermosa alegría de servir.
Qué triste sería el mundo
si todo en él estuviera ya hecho,
si no hubiera un rosal que plantar,
una empresa que emprender...
Pero no caigas en el error
de pensar que sólo se hace mérito con los grandes trabajos;
hay pequeños servicios que son buenos servicios:
adornar una mesa, ordenar unos libros, peinar una niña.
Aquel es el que critica;
ese es el que destruye.
Tú sé el que sirve.
El servir no es tarea de seres inferiores.
Dios, que da el fruto y la luz, sirve.
Pudiera llamarse así: EL QUE SIRVE.
Y tiene ojos fijos en nuestras manos y nos pregunta cada día:
¿Serviste hoy?
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