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ruinas y los signos de un paganismo propio y ancestral. El panorama del mundo
podía ser expresado en términos de un metalenguaje descriptivo.
Luego, las extensiones dieron paso a la distancia, y la distancia al
aplazamiento. El tiempo a recorrer, el tiempo recorrido, pasaron a ser concretos
y asequibles58.
Después de la desazón producida por las persecuciones de la inquisición,
la mercantilización de la fe, el expolio de América originaria, los enfrentamientos
religiosos, la verdad desnuda se puso los hábitos de la razón, y la esperanza se
colocó el sayo de la promesa.
Ya no se habitaba en la eternidad de los tiempos de la iglesia, sino en la
secularidad de los tiempos del monarca. El poder espiritual quedó reservado a
las consciencias, y el poder temporal tomó el señorío sobre los cuerpos.
Durante la reciente y recordada modernidad, funcional, nacional, lineal,
los atributos, como derivados racionales de la sustancia, eran previsibles. Todo
era accidente, pero necesario. Accidente moldeable, evitable o perseguible.
El dominio se confundía con la comprensión, y el otro pasaba a ser el
inaccesible, asido irremediablemente a un “más allá” que sólo podría descubrirse
desde el “más acá”.
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Comentario: “El mundo en el que vivió Smith estaba, por supuesto, familiarizado con la rutina y la
programación del tiempo. A partir del siglo VI, las campanas de las iglesias habían dividido el día en sus
unidades religiosas; a comienzos de la Edad Media los benedictinos dieron un paso importante al instituir el
repique de campanas para distinguir las horas de trabajo de las horas de comida, así como las horas para la
oración. Más próximos a los días de Smith, los relojes mecánicos reemplazaron las campanas, y, a
mediados del siglo XVIII, los relojes de bolsillo estaban ya muy difundidos. La hora matemáticamente
exacta podía saberse al margen del lugar en que se encontrara una persona. Ya no importaba que estuviera
cerca de una iglesia o en un lugar desde el que pudiera oír las campanadas; así, el tiempo dejó de depender
del espacio.” (SENNET, Richard: “La corrosión del carácter, las consecuencias personales del trabajo en el
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