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proyección de la idea de “raza”. Así también, se dedican inútiles esfuerzos en el
desarrollo de los mapas genéticos de la sabiduría, la inteligencia o la suerte56.
En la sociedad feudal, estamental, territorial, religada, todo era atributo.
Todo era accidente, menos los objetos celestiales. El siervo era parte de la tierra,
y los señores eran parte de una retícula compleja de estamentos57.
En tanto el orden universal excede a los órdenes locales, el mundo se
expresa en metalenguaje descriptivo, asociativo o contemplativo.
El otro era el inasible. Ni dueño de la tierra, ni príncipe, ni rey, ni soldado,
clérigo o funcionario. El otro llevaba consigo otro sitio, otra geografía, otra forma
de establecerse sobre la tierra. El extrañamiento le enmarcaba una frontera
reducida y retenida, que el otro llevaba consigo a todas partes. No los campos,
ni los bosques, ni las selvas. Las ciudades se poblaron de otros. Extraños,
extranjeros, vagabundos. Iban y venían como atributos sin sustancia.
Las categorías de inclusión / exclusión de esta etapa de la historia son
“adentro” y “afuera”.
Durante esta etapa el rito de “inclusión” se encontraba ínsito y confundido
con el mito de inclusión. Eran una sola y consentida fe, levantada sobre las
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Comentario: Particularmente no me llamaría la atención encontrar un estudio detallado, mapeado y
sistematizado de una supuesta “predisposición genética para acertar la lotería”, ya que como línea de
investigación no resulta menos seria que las que desarrollan las hipótesis del delincuente genotípico, o del
genotipo antisocial o del éxito. El genotipo sólo tiene incidencia en el fenotipo, esto es, la estructura física,
anatómico-fisiológica del sujeto, pero no puede extenderse más allá de él, a conceptos que lo exceden
precisamente porque surgen de su relación con otros.
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Comentario: “Pero se ve claramente lo que hay de decisivo en la época carolingia para el mundo
medieval- En adelante cada hombre o mujer va a depender cada vez más de su señor, y en ese horizonte
cercano, este yugo tanto más pesado cuanto que se tiene que soportar en un círculo más reducido, va a
quedar anclado en el derecho, la base del poder será cada vez más la posesión de la tierra y el fundamento
de la moralidad será la fidelidad, a fe que reemplazará durante mucho tiempo a las virtudes cívicas
grecorromanas. El hombre antiguo tenía que ser justo o recto; el hombre medieval tendrá que ser fiel”. (LE
GOFF, Jacques: “La Civilización del Occidente Medieval”. Paidós, Buenos Aires, 1999, pag. 48).
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