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neurofisiológicas debe ser hecho por expertos
con práctica y la debida preparación. Los
exámenes en masa de niños de cinco y seis
años deben considerarse con el mayor
escepticismo.
Una cuarta causa de la dificultad para la
lectura es la perturbación emocional en un
niño, a veces centrada en el propio desafío de
leer, otras, impuesta desde una base más
general de ansiedad. Un niño del primer
grado, de la clase de una excelente maestra,
ofreció la clave de su lucha con la lectura,
gracias a una experiencia muy distinta de
lectura. "Es muy brillante", dijo la maestra.
"Lo sabe todo. ¿Por qué le cuesta tanto leer?"
Un día, este niño hizo un relato detallado, al
parecer con entera comprensión, de lo que
causa la erupción de un volcán. La profesora
le sugirió que tal vez le gustaría hacer una
maqueta de un volcán mediante una
combinación de harina, sal y agua que
después se endurecería para que él pudiese
pintarla. El día en que la maestra tuvo
preparado el material, el niño, siempre muy
expresivo verbalmente, se negó "Realmente,
no tengo interés en hacer un volcán", explicó.
Ésta fue una respuesta tan poco natural en un
niño, que la maestra reconoció de pronto que
para él existía una gran brecha entre el dicho
y
el
hecho.
Físicamente
pequeño
y
subdesarrollado, al parecer le resultaba
abrumador todo esfuerzo que dependiera de
su capacidad física. Toda su vida había
logrado evadir, con buena labia, las tareas
que reclamaran semejante esfuerzo. Ya casi
de siete años, no había logrado aprender la
paciencia y la confianza que se requieren para
llegar a dominar algo. Cuando la lectura no le
resultó tan fácil como él y los demás habían
supuesto, dada su brillantez, le fue difícil
enfrentar una tarea que demandaba esfuerzo
y no sólo hablar. El CI del niño era alto, su
vocabulario
notable,
tenía
simpatía,
elocuencia y comprensión. Pero por debajo de
todo ello había un niñito temeroso de los
retos, y ese temor era el obstáculo a todo su
avance en la lectura.
Las dificultades de lectura debidas a
problemas emocionales son las más difíciles
de resolver. El trastorno emocional tiene sus
raíces, con frecuencia, en la relación padreshijos, y las ayudas y ejercicios mecánicos no
curarán esa dificultad. Los niños cuyos padres
tienen confianza en ellos se muestran muy
tranquilos y relajados al aprender. Se les
puede motivar leyéndoles cuentos divertidos,
o bien ayudar a superar problemas de
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agudeza de oído, relaciones entre el ojo y el
oído, orientación espacial o un impedimento
específico
del
lenguaje,
mediante
un
tratamiento especial. Pero si los niños se
sienten temerosos, confusos o angustiados,
ninguna preparación servirá. Por ello la
excesiva presión por los logros, la histeria por
la lectura, la prioridad dada a esta habilidad
en los primeros años escolares y la
consecuente competitividad llevan al desastre
potencial. La confianza excesiva del adulto en
la capacidad del niño para aprender suele ser
crítica para su aprendizaje. Negar las
diferencias de disposición entre los niños de
primer año es una manera de incluir en el
programa
sentimientos
de
inadecuación
predisposición al fracaso. Los niños que no se
adaptan limpiamente al programa prescrito,
aunque
sean
normales
e
inteligentes,
aprenden a preocuparse por algo que
debieran disfrutar.
El indicador importante para los padres es la
continuidad del crecimiento y aprendizaje del
niño, y no los niveles educativos. Para
combatir fracasos irreales, se debe descartar
todo el calendario por el cual las expectativas
de aprendizaje del niño se relacionan tan
directamente con la edad y el año escolar.
Mientras el aprendizaje de los niños no se
razone así, ocurrirá que unos padres se
enfrentarán a la posibilidad de que un niño
tenga que repetir el niño porque no se está
desempeñando
bien
y
porque
sus
calificaciones son malas. El fin del primer año
escolar, como hoy está instituido, constituye
un punto crítico de cambio, ya que es
precisamente en este año cuando se puede
seguir la pista y condenar o salvar al niño
mediante un consejo dado a tiempo.
La maestra hace poco más que describir el
aprovechamiento del niño. Su juicio acerca de
las causas puede ser válido, pero se le debe
considerar tentativo. En ciertas circunstancias,
repetir el curso le proporciona a un niño que
lo necesite, otro año para desarrollarse. Pero
también es posible que se lo dé para hacer las
mismas cosas inútiles que hacía antes. Por
desgracia, no hay garantía de que el pase o la
reprobación funcionen siempre y cuando un
niño se encuentra en dificultades. O bien
puede incluir un riesgo calculado, por ello un
diagnóstico experto y general debe ser la base
del mejor juicio posible para ayudar al niño a
desarrollarse. A menos que haya una
evaluación muy profunda y profesional de la
multitud de factores que intervienen en una
decisión de esta índole, el niño puede salir
