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haga que los niños rechacen los objetivos de
sus padres en defensa propia.
Una tercera causa de dificultad se encuentra
en el desarrollo neurofisiológico, acerca del
cual aún sabemos poco, aunque nuestro
conocimiento va en aumento. Los niños con
un desarrollo atípico proceden de toda clase
de hogares. Hay gran probabilidad de que
aprendan a leer, pero habrá que comprender
su problema específico. La dislexia, término
generalizado que (abarca todos los trastornos
de lectura, "parece reflejar un desorden
básico del patrón de organización neurológica"
según Ralph Rabinovitch, y agrega: "para 10
a 15% de los niños inteligentes, una
disfunción neurológica interfiere en su
capacidad
de
interpretar
atinadamente
símbolos de vista y de sonido"*
En contraste con ello a 15% de los niños de
Rabinovitch, las pruebas de incapacidad para
la lectura con frecuencia muestran a 30% de
los niños con posibles lagunas, que van desde
el límite hasta la grave incapacidad. A la
discrepancia entre el cálculo de 10 a 15% con
verdadera disfunción y el descubrimiento de
30% que no pasan la prueba, Rabinovitch la
llama “una vasta red espaciada en que queda
atrapado el niño que madura lentamente”.
La obra de Lauretta Bender apoya la idea de
que hay niños que maduran lentamente y que
parecen tener impedimentos cuando se les
somete pronto a examen, porque las pruebas
de que hoy disponemos no establecen
diferencia entre estos niños y los que padecen
algún deterioro neurológico. Bender dice:
El retardo maduracional se basa en un
concepto de áreas funcionales del
cerebro y de una personalidad que
madura de acuerdo con una pauta
reconocida, en forma longitudinal. Un
retraso maduracional significa una lenta
diferenciación en esta pauta; no indica
un déficit estructural, una deficiencia o
una pérdida. No es necesariamente una
limitación de las potencialidades y, en
niveles variables, la maduración puede
tender a acelerarse, pero a menudo de
manera dispareja. Las áreas de la
corteza cerebral que atienden a
funciones específicamente humanas
relacionadas
con
un
predominio
unilateral, como la preferencia manual
para emplear herramientas y escribir, y
para el proceso de aprendizaje de
hablar, leer, deletrear y el lenguaje
escrito muestran una mayor gama del
tiempo de maduración [las cursivas son
mías, D, H. C.] que otras pautas o
hábitos maduracionales.**
Ciertas
dificultades
características
han
aparecido regularmente en un número
considerable de quienes aprendían las
primeras letras, por ejemplo: invertir letras y
palabras, o ver las letras al lado o de cabeza.
Siempre hay algunos niños que confunden la
d con la b, o la u con la n, o que leen was por
saw o tap por pat. Un numero desconocido de
estos niños supera el problema, lo cual
equivale a decir que, con el tiempo, madura
su percepción del espacio. La tendencia a las
inversiones y la vista al reves debe ser
sumamente pronunciada y durar más allá del
segundo grado para que se deba sospechar
que es un problema neurológico y no de
maduración. Desde luego, es muy posible que
si se espera que todos los niños empiecen a
leer a los siete años y no a los seis (y hoy,
incluso a los cinco), el numeroso grupo de
niños inteligentes pero lentos en su
maduración neurológica simplemente se
confundiría con los niños que logran grandes
cosas, y habría menos "fracasos".
Aquellos niños cuyo ritmo de progreso se
mantuvo
excepcionalmente
lento
se
confundirían rápidamente con los niños
necesitados de ayuda especial.
Debe ser obvio que cualquier sospecha de
semejante condición exige una muy minuciosa
evaluación
neurológica;
sin
embargo,
demasiados maestros y padres impacientes
entregan a los niños libros de trabajo de
edición comercial y están seguros de que con
ello resuelven problemas neurológicos. De
este modo, aunque la investigación vaya
avanzando a buen ritmo, aún no se dispone
de instrumentos diagnósticos para diferenciar
la maduración lenta de la incapacidad. No
obstante, como la impaciencia conduce a la
desesperación, y la desesperación hace
aferrarse a cualquier clavo, ardiendo, se ha
mostrado una indebida prisa al suponer unas
relaciones "evidentes" entre la conducta y la
causa, antes de contar con verdaderos
descubrimientos. El diagnóstico de dificultades
*
Ralph
Rabinovitch,
"Dyslexia:
Psychiatric
Consideration, Reading Disability Progress and
Research Needs", en John Money (ed.), Dyslexia,
Johns Hopkins Press, Baltimore, 1962.
**
Lauretta Bender, "Specific Reading Disability as a
Maturational Lag", Bulletin of the orton Society, vol. 8,
mayo de 1957.
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