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estructural o fonético debe introducir, en qué
orden y cuándo. Aunque los manuales dan
tranquilidad a la maestra y cierto sentido de
seguridad, no satisfacen en lo individual las
necesidades de los niños que habían
descubierto ya los principios por sí mismos, o
de otros que aún no están capacitados para lo
que el manual sugiere para el día, si la
maestra sigue literalmente las instrucciones.
La maestra también debe ser capaz de
adaptar los lineamientos a su clase en forma
menos literal de lo que determina el manual,
porque la suposición básica de los manuales
es que las maestras llegan a depender de sus
instrucciones hasta el punto en que ya no
quieren emplear su ingenio, ni aunque así se
les sugiera.
A pesar de todo, lo que está faltando es la
elección individual que depende del gusto y
del interés orientados por la motivación y la
comprensión.
Por
esta
razón,
algunos
maestros emplean libros de cuentos como
material
de
lectura
complementario
y
adicional a la serie, o bien pasan directamente
a permitir una selección individual que hacen
los niños entre una serie de libros a la altura
de su facilidad técnica. En este último caso,
los alumnos son reunidos por la maestra en
pequeños grupos cuando muestran una
similar necesidad de ayuda en diversas
habilidades: por ejemplo, percibir semejanzas
y diferencias entre palabras, o sustituir
consonantes al comienzo de familias de
palabras,
reconocer
combinaciones
de
vocales, etc. Luego, se reforman estos grupos
para práctica y ejercicio, conforme van
cambiando las necesidades de los niños.
Es obvio que la maestra que rompe el patrón
de "exclusivamente mecánica" puede conocer
mejor a cada uno de sus niños. Pero,
asimismo, debe estar la bastante enterada de
las diferentes y complejas facetas del avance
de la lectura para poder ofrecer ayuda
apropiada a cualquier niño, en cualquier
momento en que la necesite, sin tener que
depender de las instrucciones generales para
la clase en conjunto. En su entusiasmo por
dar material literario a la altura de la
capacidad individual del niño, correrá el riesgo
de pasar por alto la necesidad de prestar
atención minuciosa y ordenada a los aspectos
técnicos específicos que exigen diagnóstico,
ejercicio y práctica, aun si la maestra está
fortaleciendo los aspectos que profundizan la
motivación de leer.
Por tanto, es posible que los materiales de
lectura sean más o menos apropiados a los
gustos de los niños y que las maestras sean
más o menos organizadas y creadoras con
cualesquiera métodos que sigan. Desde el
punto de vista de los padres, si la maestra
parece competente y si los niños están
aprendiendo con una sólida confianza en sí
mismos, no hay ninguna razón para intervenir
en los puntos específicos del método de
lectura.
Cada padre o madre puede apoyar un enfoque
de lectura individualizado, ayudando a su hijo
a encontrar libros sencillos que pueda leer con
placer por sí solo. Si un niño empieza a hacer
esto, habrá pocas y breves reglas que los
padres deberán seguir.
Cuando un niño que está empezando a leer
encuentra una palabra nueva, es procedente
explicársela de inmediato. Si el niño no la
reconoce instantáneamente cada vez que la
encuentra en un cuento, puede repetírsela las
veces que sea necesario.
A un niño que está en el nivel de lectura de
primero, segundo o tercero, se le puede
alentar de otra manera cuando encuentre una
palabra nueva. Si hay una imagen, se le
pedirá que la "lea" ésta podrá darle una clave
sobre la palabra desconocida. O se le autoriza
a saltársela y continuar hasta el final de la
frase para ver si su significado le ayuda a
identificar la palabra nueva.
Luego revisará para ver si la palabra que ha
elegido tiene sentido en la frase. Si estos dos
pasos no ayudan al niño a identificar la
palabra, se le deberá decir cuál es, y el resto
de la tarea se le dejará a la maestra.
Los expertos dicen que no se debe deletrear
oralmente una palabra, ni tampoco pedirle al
niño que lo haga. Este método funciona bien
aparentemente, con monosílabos como pan o
ven, pero se vuelve inútil conforme las
palabras se hacen más largas o difíciles, como
por ejemplo, elefante o pensamiento. El
método de deletreo no tiene cabida en el
actual y más complejo enfoque de la lectura.
De manera similar, no se debe insistir en que
un niño "haga sonar" una palabra. Las
habilidades fonéticas las enseña la maestra
conforme al material empleado diariamente, y
los padres pueden estar pidiendo al niño que
emplee un método que desconoce. Hay una
plétora de libros sobre la secuencia en que se
debe presentar la fonética, y no todos ellos
concuerdan. Las escuelas siguen el concepto
de una u otra autoridad en esa materia, pero
básicamente son los niños quienes por sí
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