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empleando calificaciones para la lectura, pese
a su superficialidad ya las protestas de los
maestros,
sobre
todo
porque
son
administrativa y económicamente más fáciles
de
manejar
que
los
diagnósticos
individualizados,
más
complejos,
que
muestran las fuerzas y deficiencias específicas
relacionadas con el avance total del niño. Sin
embargo, los avances de cada niño al leer,
debieran ser analizados y evaluados como
experiencia muy personal que ocurra dentro
de una asignación de tiempo que sea realista.
ENSEÑANZA INDIVIDUAL CONTRA
ENSEÑANZA EN GRUPO
Los primeros agrupamientos para la lectura
fueron
estrictamente
autoritarios
y
eficientistas. Cada quien se encontraba en el
mismo renglón de la misma página del mismo
libro en el mismo momento, y todo lo que
tenía que hacer el maestro era conservarlos a
todos quietos, mientras uno por uno los niños
leían en voz alta. El manual del maestro le
indicaba en qué puntos había de introducir o
subrayar unas ayudas técnicas específicas. En
ese sistema, algunos niños terminaban el libro
bajo el pupitre y se quedaban mirando
mientras el resto de la clase avanzaba
lentamente, y algunos niños se encontraban
en constante estado de desconcierto y
confusión, mientras la clase parecía saber a
dónde iba. Por esta razón, con el tiempo, ese
monolítico grupo de lectura fue dividido en
dos grupos, el rápido y el lento, pero la
dinámica de la vida superó esta organización
porque, inevitablemente, aparecieron lectores
rápidos, lentos y moderados. Así, los dos
grupos se convirtieron en tres, la competencia
quedó disimulada bajo nombres de grupos
libres de prejuicios, como los Gorriones, los
Azulejos y las Golondrinas, pero ningún grupo
fue limpio y parejamente lento, moderado o
rápido. Siguieron apareciendo diferencias
individuales, hasta que muchos educadores
vieron con toda claridad que las propias
diferencias tenían que ser el punto de partida
de los enfoques a la instrucción.
La
interpretación
de
las
diferencias
individuales en términos de niveles mecánicos
ha conducido a la preparación de materiales
aún más estrechamente graduados por su
dificultad mecánica. La serie de instrucción
programada, que ha remplazado en algunas
escuelas a los materiales de lectura básicos,
hacen
esto,
precisamente.
Pero
la
interpretación de las diferencias individuales
en términos de preferencias e intereses
sexuales y madurez general, junto con un

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nivel de avance, condujo a otra solución: la
preferencia individualizada y la elección de
libros dentro de una gama de dificultad
técnica que el niño puede resolver. Hay
pruebas de que los niños interesados en el
contenido de un libro se esforzarán, más allá
de su capacidad inmediata, con tal de gozar
del cuento.
Obviamente, cuanto más se restringen los
primeros materiales de lectura a las
regularidades confiables de la lengua inglesa,
más rebuscado y carente de interés será el
texto. La regularidad y la repetición pueden
terminar siendo un material de lectura tan
soporífero como “pat the cat, Nat. Fan Nan”.*
Resulta igual de obvio que los niños no
pueden penetrar en una lectura rica e
interesante hasta que tengan cierta capacidad
de descifrar signos. Este dilema ha sido
resuelto por una escuela de pensamiento, que
pide utilizar los cuentos y comentarios de los
propios niños como material de lectura para
principiantes. Sabiendo lo que han dicho y lo
que pretenden decir, los niños entonces
encontrarán las habilidades de simbolización y
desciframiento vitales para sus propósitos.
Basándose en su propia escritura, al principio
dictada por la maestra, y luego tratada
independientemente, pasarán con toda soltura
a leer lo escrito por los demás. Los principios
de Madame Montessori y de la Escuela
británica para infantes coinciden en el uso de
la escritura de los propios niños como base
inicial para aprender a leer.
Los problemas de organizar una clase de
modo que cada niño se encuentre en su
propio programa de lectura, no son fáciles
para las maestras acostumbradas a la
enseñanza monolítica de lección por lección.
Por ello, la serie de instrucción programada de
lectura se ha vuelto tan popular. Tanto en la
instrucción programada como en la serie
básica, los maestros sienten que se está
ejerciendo cierto control, fuera de su propio
juicio, en relación con la secuencia de
desarrollo de la mecánica de lectura.
En toda la serie preparada, se establece cada
paso del proceso, y las capacidades de análisis
de la palabra son organizadas por secuencias
en el manual del maestro. Cada maestra es
guiada para saber cuáles aspectos del análisis
*

Frase usual en antiguos métodos de enseñanza, que
equivale al proposito de las frases como “mi mamá me
mima” o "ese oso se asea", que se utilizaan en los
libros mexicanos.