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en esta capacidad pero, según Piaget, la
logran alrededor de los siete años. Para la
mayoría eso llega casi al final del primer
grado, que es donde, durante decenios, se ha
enseñado fonética. La transición a cualquiera
de las etapas del proceso de lectura aún es
una cuestión absolutamente individual. El niño
que necesita menos tiempo acaso haya
captado un tanto antes que los demás el
hecho de que los símbolos representan algo, o
tal vez tenga mayor capacidad para
generalizar fácilmente la nueva experiencia.
Los que aprenden a leer muy pronto suelen
ser niños que se distraen menos que otros de
la misma edad, o que no se dejan desalentar
fácilmente por las frustraciones, como otros.
También suelen ser niños que disfrutan de
actividades apacibles y sedentarias, más que
otros en la misma etapa. El niño que tiene
progresos más lentos tal vez no sea menos
capaz, pero puede estar fijándose en sus
nuevas amistades o en la satisfacción de
desarrollar nuevas habilidades con su cuerpo.
Puede ser un soñador o, por alguna otra
razón, puede no sentir la necesidad de luchar
con el desciframiento de nuevas habilidades.
Hay gran número de razones por las que un
niño no capte los conceptos básicos de
cualquiera de las tres etapas o de algún
aspecto específico de la tercera en edad
temprana. No hay necesidad de empujarlo,
hasta que la haga por sí solo. Sólo unas
variaciones continuas del tipo particular de
experiencia que necesite favorecerán su
desarrollo.
El calendario rígido de la escuela tradicional,
por el cual un niño debía estar a un nivel
específico en un momento dado, niega esta
realidad. No hay una sola razón legítima para
fijar plazos a los logros durante los grados de
primaria, que provocan en grandes números
de niños la sensación de fracaso a sus propios
ojos ya los de sus padres antes de haber
cumplido siquiera los siete años. Hasta las
primarias “no graduadas” niegan su propio
título al utilizar niveles de lectura preñados de
status, para evaluar, comparar y catalogar a
los niños. Como resultado de estas normas de
niveles por grados, se proyectan expectativas
no realistas a los niños, que ocasionan un
desaliento irracional en padres e hijos, en
detrimento del futuro desarrollo de su
capacidad de lectura.
Examinemos el verdadero significado de “nivel
de lectura” o de "calificación de lectura",
términos
tan
ampliamente
pregonados.
Ambos son términos intercambiables que
representan una cifra numérica absolutamente
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arbitraria, relacionada con la secuencia de
dificultad de los libros de lectura en una serie
basal. Los términos comenzaron siendo una
guía para los maestros, pero se han
deformado
hasta
ser
irreconocibles,
convirtiéndose en una camisa de fuerza para
los niños.
A comienzos de este siglo, los educadores
centraron su atención en los materiales de
lectura, en un esfuerzo por simplificar la tarea
de la lectura. Basándose en la lógica
suposición de que los niños aprenderían a leer
más fácilmente las palabras sencillas que
mejor conocieran, los estudios del vocabulario
del habla de los niños se “convirtieron en
fuente de las palabras de las lecturas
graduadas” conocidas como series basales. Se
empezaba por introducir las palabras más
familiares y empleadas con mayor frecuencia,
seguidas
por
adiciones
cautelosamente
seleccionadas entre listas graduadas de
vocabularios. Las nuevas palabras se repetían
en los textos, un número de veces
cuidadosamente investigado para ayudar a la
memorización, y también se empleaban
imágenes como nuevo instrumento para
ayudar al reconocimiento y el recuerdo. El
tiempo reveló que la sencillez de la
construcción de una palabra y su familiaridad
en el uso cotidiano no siempre son los
mejores factores para ayudar a los niños a
recordar. Durante años, los maestros se
esforzaron por emplear palabras "fáciles"
como el, qué y ellos, mientras los niños
aprendían, a la primera mirada, palabras
como paleta, sombrilla e hipopótamo.
Además, las series fueron criticadas por dar
especial importancia a los suburbios de la
gente blanca. Como resultado, cierto número
de las series basales de la época incluye hoy
un contenido más cercano a la vida como la
experimentan todos los niños, así como
palabras que tienen significado para los niños
aunque no sean mecánicamente sencillas. Por
ejemplo, hoy aparecen en los textos palabras
como vecino y supermercado junto con mamá
y juego.
Sin embargo, las lecturas basales fueron
creadas en una época en que se consideraba
deseable agrupar a los niños por edades; el
periodo en que la escuela para diversas
edades de las regiones rurales iba cediendo
ante las escuelas consolidadas del poblado y
de la ciudad. En esta estructura organizativa
se introdujeron las series de lecturas basales.
Graduadas por orden de dificultad, pronto se
les asociaba con edades y años, es decir
preprimaria, primaria, Libro Primero, primera
