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mismos deben integrar el aprendizaje, de
modo que las diferentes partes se fundan para
convertirse en una verdadera lectura. Para
ayudar mejor, los padres sólo deben saber
escuchar cuando su hijo lleva a casa su libro
de lectura, para mostrarles cómo lee. Con la
emoción, acaso no recuerde cada palabra, y
esto es perfectamente normal. Lo importante
es que los principiantes no se avergüencen
cuando cometan errores.
CAUSAS DE DIFICULTAD DE LA LECTURA
Aprender cualquier habilidad es una tarea
prolongada y ardua que requiere práctica,
paciencia, persistencia y confianza. No tiene
que ser abrumadora, si los obstáculos que hay
en el camino son realistas para los niños que
ya están listos y bien motivados. Cuando
quieren aprender a golpear una pelota o a
saltar la cuerda, dedican incontables horas a
la práctica necesaria, y luego gozan del
dominio obtenido. Pero en lo que respecta a
las habilidades que impone el mundo de los
adultos, como leer o tocar un instrumento, la
brecha entre sus primeros pasos y la meta
final no se percibe ni se alcanza tan
fácilmente. Los niños necesitan constante
seguridad y confianza en su capacidad para
desarrollarlas, superando las rachas de
desaliento que son inevitables aun después de
haber
logrado
algunos
emocionantes
progresos iniciales.
Por desgracia, los niños de hoy deben
aprender la habilidad de leer -que ofrece tanta
satisfacción cuando por fin se domina- en una
atmósfera cargada de consideraciones de
posición social y conveniencia práctica. Lo
más probable es que sean vigilados en busca
de errores, en lugar de alentarlos. Los padres
se muestran comprensiblemente ambiciosos
acerca de la lectura y no menos preocupados
cuando el niño deja de avanzar; asimismo los
niños perciben muy pronto el desencanto y la
insatisfacción de sus padres y maestros. Se
sabe que una excesiva preocupación por la
dificultad para leer, sea real o imaginaria,
influye sobre la personalidad. Según la
experiencia de quienes han tenido problemas
para enseñar a leer durante su vida
profesional, cada niño pasa por algunas
dificultades, simplemente por la naturaleza de
la tarea. La mayoría de los niños no tiene
problemas tan serios que justifiquen el tiempo
extra y los gastos que hoy se hacen en ellos
como resultado de una histeria masiva acerca
de
la
lectura,
que
es
totalmente
desproporcionada para la magnitud del
problema.

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La preocupación por la lectura ha aumentado
en el último decenio, primero como resultado
de la sensación de urgencia engendrada por el
Sputnik, y luego por los fracasos registrados
entre los muy pobres. Esto ha causado que las
circunstancias en las que debe aprender a leer
un niño a un ritmo normal sean irreales.
Mientras éste solía ser el caso poco común de
ciertos niños en la llamada escuela de clase
media, cuya familia luchaba discretamente
con su vergüenza por las dificultades que el
niño tenía para leer, hoy probablemente la
escuela suburbana y la urbana de clase
media, así como la escuela del centro de la
ciudad,
tendrán
maestros
de
lectura
correctiva, terapeutas del habla, psicólogos y
especialistas en capacidades de la percepción,
para los niños de menos de siete años, pese al
hecho de que en muchos países tan
avanzados como el nuestro lós niños ni
siquiera empiezan a leer antes de los siete
años, y cuando empiezan, lo hacen en un
lenguaje fonético. Demasiados niños están
sintiendo la frenética corriente subterránea de
la incertidumbre de los adultos respecto a su
éxito potencial, en la medida en que escuelas
y padres, en grado alarmante, confunden las
desigualdades normales de la maduración con
una auténtica incapacidad.
La situación se hace más confusa porque es
verdad que un pequeño porcentaje de niños sí
tiene dificultades para aprender a leer, que sí
requiere una atención fuera de lo común.
Dichas dificultades son individuales y se les
debe diagnosticar y evaluar de la misma
manera. Aunque continúa la búsqueda de
información
adicional
acerca
de
las
dificultades de lectura, y aunque se siguen
descubriendo nuevos indicios de áreas antes
no identificadas, ya se dispone de abundante
conocimiento sobre sus causas.
Las dificultades de lectura se deben a causas
diferentes o combinaciones de éstas. La
primera causa posible es la más sencilla: una
inteligencia insuficiente. y sin embargo, ésta
es la que se da con menor frecuencia. Una
segunda es el marco de referencia formado en
el hogar, dentro del cual la lectura es
considerada como grata o no grata, de modo
que el deseo de leer aumenta o disminuye
espontáneamente, aun antes de que el niño
ingrese a primer grado. La falta de tal deseo
se presenta con mayor frecuencia entre niños
de padres no lectores que de quienes leen en
abundancia. Los hijos de padres lectores rara
vez carecen de motivación o de interés en la
lectura, a menos que la presión por los logros