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COMO APRENDEN LOS NIÑOS

VIII. EL SIGNIFICADO DE LAS
HABILIDADES: LA LECTURA
PESE a la existencia, en la vida moderna, del
cine, la radio y la televisión, los anticuados
medios de comunicación, lectura y escritura,
aún son los indiscutibles primeros pasos hacia
el éxito entre los adultos modernos. Por
fortuna todos los niños, incluso los menos
adelantados, pueden aprender a leer, a menos
que exista algún daño orgánico. Algunos niños
pueden necesitar menos tiempo que otros,
pero ésa no es una virtud; otros pueden
requerir más tiempo, yeso no es una falla.
Pero el fantasma de la incapacidad de
aprender ronda a los padres contemporáneos,
y eso sí es un infortunio. Preguntas sobre
cuándo debe empezar un niño a leer, cuál es
el método más eficaz para apresurar el
proceso (o al menos, para garantizarlo
positivamente), qué materiales son los
mejores, cuántas horas diarias debe dedicar a
practicar,
son
puntos
que
causan
preocupación y polémica entre padres y
maestros, directivos escolares y psicólogos.
Puesto que ningún adulto contemporáneo
recuerda que ninguna de esas controversias
existiera cuando él estaba aprendiendo a leer,
el actual debate produce una impresión de
progreso sobre los métodos ineficientes del
pasado. Sucede que no es precisamente así.
Aunque recientes claves importantes acerca
de la influencia de la limitación ambiental y
del desarrollo neurológico nos están dando
una mayor comprensión de las causas de
algunos fracasos, esta información no
modifica radicalmente los enfoques básicos
hacia la mayoría de los niños.
Por lo general no se comprende que las ideas
contradictorias acerca de cómo se debe
enseñar a leer han tenido altibajos durante
décadas, con una regularidad entre reacción y
contrarreacción, que han presentado el
rechazado método de una generación pasada
como la última innovación del texto. Los
desacuerdos actuales embonan limpiamente
en esa pauta, salvo por mejores insights* de
las causas de fracaso antes mencionadas, con
una complicación agregada. En nuestra época,
los medios de información han sacado a la
arena pública una cuestión que antes sólo
existía en los salones académicos. Poner a los
*

Idea, comprensión o percepción de la naturaleza de
una cosa. N. del E.f

70

Dorothy H, Cohen

padres al corriente de los problemas de
educación es una tarea que debió ser
emprendida hace tiempo por los educadores,
y no lo fue. Como resultado, el rápido y
omnipresente atractivo de los medios de
comunicación ha producido una histeria
masiva acerca de la lectura, mucho más
dañina para el progreso de los niños que
cualquier posible método de lectura. No sólo
los padres sino también las escuelas han
quedado atrapados en la red.
Se ha hecho creer al público en general que la
actual controversia gira en torno de la
eficiencia de enseñar fonética contra la pereza
de no enseñar fonética; la insistencia actual
está en favor del enfoque directo a la fonética
(como antes de 1920). Pero la disputa entre
fonética y no fonética es una simplificación
engañosa de una situación compleja entre
enseñar y aprender.
Existen dificultades especiales al aprender a
leer la lengua inglesa que no se encuentran en
ciertos lenguajes fonéticos como el ruso, el
hebreo, el español o el noruego.
El mismo desarrollo histórico que explica la
riqueza de la lengua inglesa es responsable de
las irregularidades de ortografía y de
pronunciación que hacen que, en su forma
impresa, sea difícil de descifrar. El inglés fue
alimentado por muchos idiomas y se ha
adaptado, a lo largo de los siglos, a toda una
variedad
de
cambios
culturales.
Por
consiguiente, una ortografía arcaica coexiste
con nuevas combinaciones de letras para los
mismos sonidos, y existen pronunciaciones
idénticas en toda una variedad de apariencias.
Feud, few, y hue; knight y night; cite,
psychology y site; to, too, two y through;
trough, off: philosophy, y fill; cat, kit, y
chasm; bear, bare, y lair; bread y bred,** no
son más que un puñado de variedades de los
modos en que ciertos sonidos dados se
pueden presentar a un incipiente aprendiz de
inglés, de cualquier edad. Como la ortografía
inglesa no es fonética, las 26 letras de su
alfabeto*** deben representar 44 sonidos
diferentes, lo que hace la tarea del
desciframiento mucho más confusa que si
cada letra tuviese un sonido constante.

**

Es evidente que en la lengua española existen
problemas similares de pronunciación y de ortografía.
[N. del E.]
***
El alfabeto inglés tiene 26 letras; el español 29.