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(quienes tampoco son formados en ellas).
Podría afirmarse, de modo general, que la
formulación de objetivos se ha venido
haciendo en este terreno sin atención a los
avances y conceptualizaciones que al respecto
han venido generándose en el campo
científico (Nickerson, 1987).
Precisamente por tratarse de un campo poco
tratado en el ámbito educativo y clave dentro
de un nuevo enfoque curricular orientado por
las necesidades básicas de aprendizaje, le
dedicaremos aquí alguna atención.
APRENDER A PENSAR: UNA NECESIDAD
BÁSICA DE APRENDIZAJE
Hace ya más de una década, en 1979, un
informe al Club de Roma urgía a adoptar un
nuevo enfoque para la educación, ante el
reconocimiento de la gran brecha existente
entre el potencial de aprendizaje de los seres
humanos y lo que el sistema educativo está
consiguiendo. Para ello se reclamaba un
cambio específico, vinculado con la necesidad
de poseer un mejor conocimiento sobre la
habilidad de pensar y cómo mejorarla. Al
respecto, se hacía la distinción entre un
aprendizaje de mantenimiento -basado en la
adquisición de perspectivas, métodos y reglas
fijos, destinados a hacer frente a situaciones
conocidas y constantes, resolver problemas ya
existentes, mantener un sistema o un modo
de vida establecido- y un aprendizaje
innovador que somete a examen las
suposiciones para buscar perspectivas nuevas,
permite
prever
los
cambios
y
saber
manejarlos, de modo que las personas puedan
construir el futuro y no solamente acomodarse
a él. El primer tipo de aprendizaje, el
convencional, ya no es suficiente hoy ni lo
será en el futuro; el segundo, por su parte,
requiere un desarrollo del aprender a pensar
(Botkin, 1982).
muchas cosas, sino habilidad para aplicar esos
conocimientos con eficacia, mucha capacidad
de adaptación, aprender rápidamente nuevas
técnicas, aplicar conocimientos antiguos de
formas nuevas, elegir acertadamente y
valorar las alternativas existentes de manera
concienzuda a fin de tomar decisiones
correctas, desarrollar el espíritu de indagación
y razonamiento, discriminar los mensajes y
las afirmaciones, sopesar las pruebas valorar
la solidez lógica de las deducciones, discurrir
argumentos
en
contra
de
hipótesis
alternativas, etcétera. En resumen se requiere
más que nunca pensar de un modo crítico
(Nickerson, 1987).
El pensamiento es esencial para la adquisición
de conocimiento y éste es fundamental para el
pensamiento."Mejorar el primero incide en
mayores posibilidades para el segundo.
Desarrollar y potenciar las habilidades del
pensamiento
debería
ser
pues
metafundamental de la educación. Es en esta
línea que, cada vez más, se plantea la
necesidad de conferir a la enseñanza de las
habilidades del pensamiento el mismo
estatuto del que gozan otras enseñanzas
primordiales
tradicionalmente
reconocidas
como tales por el sistema escolar (Nickerson,
1987).
Tres áreas principales de la psicología del
pensamiento, consideradas " habilidades del
pensamiento" (el pensamiento entendido
como un conjunto de habilidades complejas,
que pueden por tanto ser aprendidas y
mejoradas)
parecen
susceptibles
de
enseñanza y fundamentales para mejorar la
habilidad de pensar: la solución de problemas,
la creatividad y la metacognición (Nickerson,
1987). Los dos primeros son usualmente
mencionados
en
planes
y
programas
educativos.
Desde entonces se ha avanzado en el análisis
del tema y se han desarrollado y aplicado
propuestas específicas, algunas de las cuales
han adoptado incluso la forma de programas y
paquetes didácticos diseñados en la línea del
"enseñar a pensar" (De Bono, 1986;
Nickerson, 1987; WCEFA, 199 Ob). En
general, sin embargo, los sistemas escolares
de la región parecen continuar en su mayoría
ajenos
a
tales
desarrollos
ya
tales
necesidades.
Desarrollar las habilidades del pensamiento es
hoy-se afirma- más necesario que nunca, en
la medida que se requiere no sólo saber
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