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LA MENTE NO ESCOLARIZADA
CÓMO PIENSAN LOS NIÑOS Y CÓMO DEBERÍAN
ENSEÑAR LAS ESCUELAS BARCELONA
Howard Gardner
LA BUSQUEDA DE SOLUCIONES:
CALLEJONES SIN SALIDA Y MEDIOS
PROMETEDORES
Rivalizando
con
el
tema
del
tiempo
meteorológico, el status de la educación es de
lo que más se habla en cualquier sociedad
contemporánea. Ya se trate de discusiones
que tienen lugar en el Japón, generalmente el
país que se considera que ha logrado más
éxito en la educación de su juventud, o en los
Estados Unidos, cuyos problemas educativos
se han convertido en una virtual obsesión
para quienes diseñan la política educativa
(aunque no, mientras escribo estas líneas,
para el público en general), las cuestiones
filosóficas tienen gran importancia.
Como corresponde a un libro concebido y
escrito tras innumerables discusiones en
Norteamérica, gran parte de lo que viene a
continuación se ha escrito teniendo presentes
los problemas norteamericanos. Me gustaría
pensar, sin embargo, que mis conclusiones
cuentan con un interés que supera estos
límites.
Aunque la discusión se centra exclusivamente
en la necesidad de estudiar algunas
insuficiencias, es posible alcanzar cierto
consenso. Después de todo, no resulta
particularmente
controvertido
reclamar
maestros
mucho
mejor
preparados,
administradores más entregados, escuelas
con
estudiantes
y
alumnos
más
comprometidos y con menores proporciones
de abandono de los estudios, y comunidades
que den su apoyo a sus sistemas educativos.
Pero cuando la atención se centra en los tipos
de estudiante que se quieren finalmente
conseguir, en los pasos que deben darse para
alcanzar este fin, y en las prioridades entre las
diversas metas educativas, las controversias
pronto afloran a la superficie.
En este libro he buscado ser claro acerca de
cuáles son mis metas educativas. Lo más
importante desde mi punto de vista
estratégico son los estudiantes que poseen
una comprensión auténtica de las principales
disciplinas y áreas de conocimiento. La
naturaleza de esa comprensión variará con la
edad y la disciplina de que se trate. Así como
un niño de diez años no puede comprender la
ciencia, la literatura del mismo modo en el

que puede hacerlo un estudiante universitario,
así también las concepciones erróneas que
afloran en el discurso científico están sólo
remotamente
relacionadas
con
los
estereotipos que interfieren con la comisión de
textos históricos o literarios. Además, la
comprensión no es una adquisición que se
produzca en una determinada coyuntura de
desarrollo. Tal como ha señalado David
Perkiris, los procesos de la comprensión
implican
conjuntos
de
resultados
y
realizaciones: llevar a cabo análisis, elaborar
juicios afinados, emprender síntesis y crear
productos
que
incorporen
principios
o
conceptos centrales para una disciplina. Todo
el mundo muestra comprensiones incipientes
(sean o no éstas las buscadas por sus
maestros), pero ni tan sólo el más distinguido
experto alcanza siempre una comprensión
plena.
Los límites de las capacidades básicas vistas
desde este punto de vista, determinadas
soluciones putativas dejan de ser deseables y
otras se recomiendan con más firmeza. Tanto
los dirigentes educativos como los miembros
de la comunidad, en su sentido más amplio,
han pedido a menudo que se ponga un acento
renovado en las capacidades básicas. Esta
meta
in
embargo,
se
ha
invocado
ampliamente
de
un
modo
defensivo.
Diferenciándose
aparentemente
de
los
estudiantes de épocas pasadas, nuestros
licenciados no son capaces de leer, escribir o
calcular con perfección, por lo que no pueden
conservar un empleo, y no digamos ya ser
ciudadanos productivos de una comunidad.
Declararse contra la institución de las
enseñanzas básicas (lectura, escritura y
aritmética) en la escuela es como estar en
contra de la maternidad o la bandera. Está
fuera de toda duda que los estudiantes deben
tanto saber leer y escribir como deleitarse con
dicha capacidad. Sin embargo, la vacuidad
esencial de esta meta queda ejemplificada con
el hecho de que los niños pequeños en los
Estados Unidos han sido alfabetizados en un
sentido literal; es decir, dominan las reglas de
la lectura y de la escritura, incluso cuando
leen sus tablas de sumar o multiplicar lo que
se ha perdido no son sus habilidades
descodificadoras, sino dos facetas distintas la
capacidad de leer para comprender y el deseo
mismo de leer. Se puede contar casi la misma
historia en relación con los elementos de

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