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Además, el análisis general de Hirsch de lo
que cuesta ser capaz de leer un texto de un
modo culturalmente alfabetizado parece
ajustado. Sin embargo, la controversia
envuelve las cuestiones acerca de qué modo
lograr el alfabetismo cultural y qué hacer una
vez se ha alcanzado de hecho. Es por sus
recomendaciones
en
relación
con
la
consecución del alfabetismo por lo que Hirsch
ha atizado aún más el fuego. Primero
informalmente, y ahora con una creciente
formalidad y capacidad de decisión, Hirsch ha
elaborado listas de referencias culturales y ha
sugerido que se les diera un lugar central en
el currículo. Deliberadamente o no, ha
proporcionado un plan casi irresistible para
muchos maestros: enseñar estas listas de
términos directamente, tal como enseñan
listas de vocabulario o hechos matemáticos, y
luego poner a prueba su adquisición como
parte del currículo estandarizado. En lugar de
adquirirse en el proceso de una dieta rica de
lectura o a través de la inmersión en una
cultura en la que tales referencias surgen
significativamente en el curso de los
intercambios cotidianos, la alfabetización
cultural se ha convertido en un tema sujeto a
realizaciones
y
resultados
repetitivos,
ritualizados o convencionales.

oportunidad de hacer uso del lenguaje
productivamente -para leer, escribir o hablarla instrucción parece carente de sentido y
cualquier habilidad, con toda probabilidad, se
atrofiará.

A mi entender, Hirsch no recomendó
inicialmente un enfoque educativo tan rígido,
un
enfoque
que
parece
destinado
a
amortiguar, en lugar de hacer accesible, la
vitalidad de la cultura para la mayoría de los
estudiantes. Sin embargo, sus publicaciones y
actividades durante los últimos años han
estado todas apuntando hacia el embalaje de
tal
alfabetización.
El
análisis
y
recomendaciones iniciales de Hirsch parecen
bastante bien intencionadas, pero un político
que elabora la política educativa tiene que
responsabilizarse de los usos que llegan a
tener sus ideas. Me parece que en este caso el
remedio casero forma realmente pare de una
enfermedad que se propaga de modo
galopante en una cultura auditiva.

Para Bloom, como para otros educados en la
tradición de la filosofía política de Leo Strauss,
el remedio es espectacular. Los alumnos
deben estudiar los grandes textos de
Occidente, cuya escritura se remonta a la
época clásica y que han proporcionado los
temas dominantes de la civilización occidental.

Aquello que parece mantener a distancia tales
esfuerzos para sembrar la alfabetización
cultural son las razones para alcanzar tal
conocimiento sin que los estudiantes tengan
alguna razón fundamental para querer
alcanzar este conocimiento y acciones
singulares en las que utilizarlo y basarse, su
consecución parece esencialmente mutuo sin
duda, muchos de los aspectos del estudio de
una lengua extranjera pueden -y algunos
deben- adquirirse mediante una instrucción
rutinaria. Sin embargo, en ausencia de la

Una corriente tradicional en educación
Allan Bloom ha presentado una crítica mucho
más radical de la sociedad norteamericana,
así como una panacea más ambiciosa para las
dolencias educativas que muestra. En su
análisis, los jóvenes de entre ocho y veinte
años que crecen en esta sociedad han perdido
sus almas. Carecen del sentido de la
dirección, de un sentido de la comunidad, de
un sentido del valor. Este estado de cosas lo
ha producido el liberalismo reflexivo (e
irreflexivo) de la cultura a lo largo de gran
parte de este siglo, un liberalismo que se ha
centrado en las universidades. Según sus
defensores, los estudiantes deben gozar de
una libertad prácticamente ilimitada en la
determinación de lo que estudian. Los
maestros no deben señalar ninguna clase de
valores o direcciones fundamentales, porque,
después de todo, es erróneo hacer juicios
absolutos; el relativismo, si no el nihilismo, se
lleva la palma.

Los filósofos (y la filosofía) aparecen como lo
más importante en este régimen educativo:
Platón, Aristóteles, Locke y Rousseau se
convierten en los textos con los que los
alumnos tienen que medirse. Los escritos
literarios de los maestros -Shakespeare,
Milton, Tolstoi- forman también parte de esta
formación.
Estos
textos
deben
leerse,
releerse, discutirse y asimilarse; se tiene que
fomentar una atmósfera de análisis filosófico y
dialéctico y, en realidad, se tiene que permitir
su prevalencia. La educación se convierte en
una conversación entre grandes mentes en la
que se alienta al estudiante con talento a que
participe. (Hay poco lugar para el estuiante
sin talento en tales actividades de exposición
e interpretación.)
De acuerdo con Bloom, es un disparate
emplear tiempo en escritores –por no
mencionar el arte y la musica- del siglo XX.
Escritores como Freud y Max 'Weber, campos

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