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alfabetización restantes; ni la mecánica de la
escritura ni los algoritmos de la sustracción
están ausentes, sino que lo que sucede es que
más
bien
ha
desaparecido
tanto
el
conocimiento acerca de cuándo recurrir a
estas habilidades como la inclinación a hacerlo
así de un modo productivo en la propia vida
cotidiana. Alcanzar las habilidades básicas
requiere esfuerzo y disciplina. Sin embargo, la
imposición de un régimen estricto no basta.
Aquello que no está, en mi opinión, son los
contextos en los que el desarrollo de estas
habilidades
tiene
sentido.
Demasiados
estudiantes no contemplan la posibilidad del
uso productivo de las tres enseñanzas básicas
en casa, ni consideran tampoco su utilidad en
la escuela. Son muy pocos los estudiantes a
los que se les plantean problemas, retos,
proyectos y oportunidades que atraigan de un
modo natural y productivo estas capacidades.
Por tanto, las tres enseñanzas base de la
alfabetización son como iconos religiosos en
las estanterías de una tienda para turistas,
razonablemente decorativas quizás, pero
fuera de lugar en este contexto.
alto raramente ingresan en las profesiones
docentes que se encuentran a un nivel inferior
que el universitario; la mayoría de las
personas de la profesión no llevan una vida en
la que la lectura y la escritura tengan un
importancia elevada (en un informe se ha
dejado constancia de que el maestro de
escuela medio lee un libro al año). Con toda
imparcialidad debería decirse también que las
demandas que recaen sobre casi todos los
profesionales de la educación parecen
incrementarse de año en año.
La frase «retorno a las habilidades básicas» a
llegado a invocarse como parte del discurso
escolar de los pensadores conservadores o
neoconservadores
los
autores
norteamericanos de gran éxito durante 1987,
que a menudo son motivo de broma (aunque
algo inoportunamente), reflejan los dos
extremos de esta crítica de los logros y
valores educativos actuales. E.D. Hirsch ha
intentado elevar el «alfabetismo cultural) en
este país, mientras Allan Bloom se centra en
las grandes ideas de la civilización occidental.
La alfabetización cultural para la nación
En realidad, perseguir las capacidades básicas
puede ser a veces contraproducente. En el
esfuerzo para asegurar que los estudiantes
«cumplen» con el temario de estudios y están
preparados para diversos hitos y pruebas, los
maestros pueden socavar, sin advertirlo,
metas educativas más esenciales. En un
congreso al que recientemente asistí, un
educador defendía concentrar la atención en
los conceptos de aprendizaje mimético.
Argumentaba que utilizando tal enfoque los
maestros pueden atajar el camino y hacer que
el estudiante ahorre tiempo». En el entorno
actual, resulta comprensible que los maestros
sientan la necesidad de ahorrar tiempo, pero
si los estudiantes no llegan a apreciar por qué
las habilidades y conceptos se inculcan y de
qué modo se utilizan una vez dejan la escuela,
el régimen del aula en su conjunto corre el
peligro de ser una pérdida de tiempo.
Creo que ha habido cierto empeoramiento en
la actuación del cuerpo estudiantil y que,
como mínimo, uno de los factores que ha
contribuido a ello no se ha reconocido
suficientemente. En la primera mitad de siglo,
cuando las mujeres contaban con pocas
profesiones alternativas entre las cuales
escoger, las filas de los docentes se nutrían de
muchas mujeres habilidosas que leían y
escribían de un modo natural y lleno de
sentido en sus propias vidas. Actualmente, los
hombres y las mujeres con un nivel cultural
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Hirch señala que aunque la mayoría de los
países ofrecen un currículo nacional en el que
son muy importantes los textos y conceptos
específicos, los Estados Unidos, en cambio,
no. Quizás de un modo mas polémico, sugiere
que, en el pasado, la mayoría de los
estudiantes
norteamericanos
conocían
determinadas
referencias
textuales
con
independencia del lugar o de la forma de su
educación. La ignorancia de tales referencias
comunes, argumenta Hirch, demuestra ser
devastadora,
particularmente
para
una
minoría de estudiantes que desearía integral
en la cultura históricamente dominante. Si no
se aprecian las referencias a figurar y
personajes literarios importantes (Dickens,
Huckleberry Finn), acontecimientos históricos
básicos (la batalla de Gettysburg), principios
científicos
de
base
leyes
de
la
termodinámica), imágenes culturales de
primera magnitud (Simple Simon, Mother
Goose), uno no sólo sentirá carencias en la
lectura y en la discusión sino que ni siquiera
será capaz de participar en la conversación
cultural. Hirsch quería que los estudiantes
adquirieran esta alfabetización cultural de
modo que pudieran tener la oportunidad de
ingresar en su comunidad nacional.
Una vez más, si chasqueando los dedos se
alcanzara este surtido de información factual,
pocos se quejarían de su deseabilidad.
