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con mayor frecuencia en países cuyos
gobiernos y opinión pública padecen un sesgo
derechista: en unos sitios los genéticamente
incapaces son los negros, en otros los indios,
los gitanos o los esquimales y en casi todos
los hijos de los pobres.
Es difícil imaginar una doctrina más inhumana
y repelente que ésta. Para empezar, no hay
ningún mecanismo fiable para medir la
inteligencia humana, que en realidad no es
una disposición única sino un conjunto de
capacidades relacionadas cuya complejidad no
puede establecerse como la estatura o el color
de los ojos. El biólogo Stephen Jay Gould
argumentó en su día contra el auge de los
tests de inteligencia causantes de la
mismeasure of man, la mala medición del
hombre, y Corneliu Castoria a expuesto
vigorosamente que «ningún test mide ni
podrá medir nunca lo que constituye la
inteligencia propiamente humana, lo que
marca nuestra salida de la animalidad pura,
es la imaginación creadora, la capacidad de
establecer crear cosas nuevas. Semejante
medida carecería por definición de sentido» Ya
a comienzos de siglo Emile Durkheim situaba
en su justa valoración la importancia del
legado "biológico que heredamos de nuestros
progenitores: «Lo que el niño recibe de sus
padres son aptitudes muy generales: una
determinada fuerza de atención, cierta dosis
de perseverancia, un juicio sano, imaginación,
etc. Ahora bien, cada una de estas aptitudes
puede estar al servicio de toda suerte de fines
diferentes. » Es la educación precisamente la
encargada de potenciar las disposiciones
propias de cada cual, aprovechando a su favor
y también a favor de la sociedad la disparidad
de los dones heredados. Nadie nace con el
gen del crimen, el vicio o la marginación social
como un nuevo fatalismo oscurantista
pretende sino con tendencias constructivas y
destructivas que el contexto familiar o social
dotarán de un significado imprevisible de
antemano. Incluso en los casos de alguna
minusvalía psíquica no dejan de existir
métodos pedagógicos especiales capaces de
compensarla al máximo, permitiendo un
desarrollo formativo que no condene a quien
la padece al ostracismo ya la esterilidad
irreversible Pero, a fin de cuentas, en la
inmensa mayoría de los casos es la
circunstancia
social
la
herencia
más
determinante que nuestros padres nos legan
y esa circunstancia empieza por los padres
mismos,"cuya presencia (o ausencia), su
preocupación (o despreocupación), su bajo o
alto nivel cultural y su mejor o peor ejemplo
forman un legado educativa mente hablando
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mucho más relevante que los mismos genes.
Por tanto, la pretensión universalizadora de la
educación democrática comienza intentando
auxiliar las deficiencias del medio familiar y
social en el que cada persona se ve obligado
por azar a nacer, no refrendándolas como
pretexto de exclusión.
Otra vía universalizadora de la educación
consiste en ayudar a cada persona a volver a
sus raíces. Es un propósito muy publicitado en
la
actualidad,
pero
notoriamente
malentendido o incluso emprendido en sentido
inverso al que resultaría lógico. Desde luego
hablar de «raíces» en...ese caso es puro
lenguaje figurado, porque los humanos no
tenemos raíces que nos claven a la tierra y
nos nutran de la sustancia fermentada de los
muertos, sino pies para trasladarnos, para
viajar o huir, para buscar el alimento físico o
intelectual que nos convenga en cualquier
parte. Admitamos sin embargo la metáfora,
que tanto agrada a los nacionalistas
(«recuperemos nuestras raíces»), a los
entusiastas de la etnicidad (« conservemos la
pureza de nuestras raíces»), a los integristas
religiosos («la raíz de nuestra cultura es
cristiana, o musulmana, o judía») y a los
integristas políticos («la raíz de la democracia
está en la libertad de mercado»), etc. En la
mayoría de estos casos, la apelación a las
raíces significa que debemos escardar de
nuestro jardín nativo cuantas malezas y
hierbas advenedizas turben la enraizada
armonía de lo que supuestamente fue
plantado en primer lugar: también que cada
cual, dentro de sí mismo, debe buscar aquella
raíz propia e intransferible que le identifica y
le emparienta con sus hermanos de terruño.
Según esta visión, la…educación consistiría en
dedicarse
a
reforzar
nuestras
raíces,
haciéndonos más nacionales, más étnicos,
más ideológicamente puros... más idénticos a
nosotros
mismos
y
por
tanto
inconfundiblemente heterogéneos de los
demás. La única universalidad que admite
este planteamiento es la universalidad de las
raíces: es decir, que todos y cada uno
tenemos
las
nuestras,
universalmente
encargadas sujetamos a lo propio y de evitar
que nos enredemos confusamente con
frondosidades ajenas.
Pero esta utilización metafórica de las raíces
puede ser invertida yeso es precisamente lo
que ha de intentar la educación universalista.
Porque si nos dejamos llevar por la intuición,
y no tanto por la erudición botánica, aquello
en lo que más se parecen entre sí todas las
plantas es precisamente en sus raíces,
