propositos.pdf

Vista previa de texto
les son tradicionalmente propios. y todo esto
deben
conseguirlo
con
los
métodos
característicamente modernos de la escuela,
más distanciados y menos afectivos que los
del ámbito familiar, que no pretenden
sugestionar con identificaciones totales sino
con un acercamiento más crítico e intelectual.
Precisamente
una
de
las
cuestiones
metodológicas primordiales de la enseñanza
ilustrada es despertar un cierto escepticismo
científico y una relativa desacralización de los
contenidos
transmitidos,
como
método
antidogmático de llegar al máximo de
conocimiento con el mínimo de prejuicios.
Tarea que deben llevar a cabo además no sólo
en sustitución de la socialización familiar sino
en competencia con la socialización televisiva,
hipnótica y acrítica, que están recibiendo
constantemente sus pupilos.
El maestro antes podía jugar con la curiosidad
de los alumnos, deseosos de llegar a penetrar
en misterios que aún les estaban vedados y
dispuestos para ello a pagar el peaje de
saberes instrumentales de adquisición a
menudo trabajosa. Pero ahora los niños llegan
ya hartos de mil noticias y visiones variopintas
que no les ha costado nada adquirir...¡que han
recibido hasta sin querer! El maestro tiene
que ayudarlos a organizar esa información;
combatirla en parte y brindarles herramientas
cognoscitivas para hacerla provechosa o por lo
menos no dañina. y todo ello sin convertirse él
mismo en un huevo sugestionador ni pedir
otra- adhesión que la de unas inteligencias en
vías de formación responsable hacia su
autonomía. Empresa titánica...remunerada
con sueldo bajo y escaso prestigio social.
Y sin embargo esta nueva situación educativa,
aunque multiplique las dificultades en el
camino de los maestros, también abre
posibilidades prometedoras para la formación
moral y social de la conciencia de los futuros
ciudadanos. Como ya quedó señalado, la
socialización familiar tendía a la perpetuación
del prejuicio ya la esclerosis en la aceptación
obligada de modelos vitales. En demasiadas
ocasiones, los padres no educan para ayudar
a crecer al hijo sino para satisfacerse
modelándolo a la imagen y semejanza de lo
que ellos quisieran haber sido, compensando
así carencias y frustraciones propias. En el
apéndice de este libro encontrará el lector una
carta de Franz Kafka dirigida a una amiga
suya,
donde
defiende
la
socialización
institucional por encima y contra cualquier
educación familiar, con argumentos lúcidos
que
no
deben
dejar
de
ser
considerados...viniendo de alguien que sabía
34
por experiencia propia de lo que estaba
hablando. De modo semejante Juan Carlos
Tedesco
cree
preciso
«señalar
las
potencialidades liberadoras que abre una
socialización más flexible y abierta. Si la
responsabilidad por la formación ética, por los
valores y los comportamientos básicos pasa a
depender ahora mucho más que en el pasado
de instituciones y agentes secundarios,
también se abren mayores posibilidades de
promover
concepciones
tolerantes
y
diversas».
De
los
principales
objetivos
de
esta
socialización democrática ilustrada, que debe
ser tolerante pero en modo alguno neutral
frente a los valores contrapuestos en la
sociedad moderna, hablaremos extensamente
en el capítulo sexto de este libro. Pero ahora,
para concluir la reflexión iniciada sobre el
eclipse educativo de la familia, me gustaría
bosquejar la forma que puede tener la escuela
actual de acercarse a algunos de esos temas
que en buena lógica deberían pertenecer más
bien a la socialización familiar. Me referiré
brevemente a la ética la religión, el sexo, las
drogas y la violencia Nótese que todas ellas
son cuestiones sobre las que urge casi
histéricamente buena parte de la demanda
social, que reclama con irritada angustia a la
escuela la consolidación casi taumatúrgica de
los mismos valores que ella en las casas o en
las calles ha renunciado a definir ya defender.
Empecemos por la ética y la religión. Una
actitud escolar vagamente inspirada en Jean
Piaget sostiene que la ética no puede
enseñarse de modo temático, como una
asignatura más, sino que debe ejemplarizarse
en toda la organización del centro educativo,
en las actitudes de los maestros y su relación
con los alumnos, así como impregnar el
enfoque docente de cada una de las materias.
En voz más baja, se añade que eso resuelve
el problema de cuál es la ética que debe
enseñarse, pues en las sociedades pluralistas
por lo visto hay muchas éticas distintas (he
oído decir a un responsable del ministerio de
Educación que la ética no puede ser una
asignatura «porque cada cual tiene la suya».
Por otra parte, los partidarios de que se
conserve en el plan de estudios un tiempo
lectivo dedicado al adoctrinamiento religioso
(¡puntuado como una asignatura más!)
proponen la ética como alternativa laica a la
asignatura
de
religión,
pretendiendo
convertirla en un adoctrinamiento sustitutorio
para quienes no escuchan sermones olmeca
en los templos. y no podemos quejarnos
