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se base en una mentira3. Se muere por dios, pero también
se vive como si ese tal dios existiese.
hipocresía criminal de los otros. He ahí nuestro primer reproche contra los hombres sinceramente creyentes.
Aunque no se pueda demostrar experimentalmente, las cosas o entidades que una gran parte de los seres humanos cree
existentes afectan profundamente su existencia. Cuestión
ampliamente verificable, independientemente de su existencia objetiva. Tal como sucede con las relaciones económicas
creadas y reproducidas por la especie humana, que llegan de
alguna manera a autonomizarse de la especie y a dominarla,
del mismo modo que sucede con la idea de dios.
Nosotros no negamos -escribía Enrique Flores Magón- que
nuestros ideales sean destructores de las presentes instituciones arcaicas, puesto que son el ariete formidable que golpea
contra los muros del castillo feudal de la propiedad privada
donde los sostenedores de ésta, el Capital, la iglesia y la autoridad, están atrincherados.
No vamos, entonces, a ocultar nuestras posiciones, pero mucho menos unirnos a quienes, rechazando cualquier rasgo de
reflexión y análisis sobre nuestra realidad material, niegan
todo desarrollo histórico, y quienes consideran que la religión y sus correspondientes instituciones serían una opresión
más entre las otras opresiones, a saber: desde el Estado y el
Capital hasta el racismo y el machismo, en fin, una ideología
de la igualdad que todo lo iguala. Simplificando los procesos
históricos de tal manera que se puedan lanzar afirmaciones
del tipo: “las religiones son las causantes de las guerras” o “la
religión fue inventada para adormecer al pueblo”. Aunque
no ser las causas de una cosa o de la otra, no la excluye de ser
un importante protagonista o un fuerte detonante en algunas ocasiones, todo no es lo mismo.
Nos adentramos en un terreno escabroso, a riesgo de equivocarnos, pero volvemos a afirmar que preferimos arriesgar
y equivocarnos, si es válido para avanzar en la lucha, sea
aportando reflexiones superadoras o que sirvan al menos
para abrir un terreno en el cual puedan ser superadas.
No podemos dejar “para después” una cuestión como la
religión por miedo al rechazo de los demás oprimidos, o
porque se trate de “una opción privada”.
La social-democracia balbucea unánimemente que la religión es un asunto privado de los individuos, en el que los
otros no tienen por qué interferir, pero “olvidan” que esa
religión a la cual se refieren no es un asunto de gusto y que
mucho menos se mantiene en lo individual, ya que interfiere
constantemente en la vida de las demás personas.
Simplificando a grandes rasgos para expresarnos fácilmente,
pero sin olvidar los matices podríamos decir que: unos consideran que aboliendo la sociedad de clases, el Estado y la
religión desaparecerán inevitablemente de una manera casi
mecánica; y otros que debería acabarse con todo esto como
una suma de cosas pero sin llegar a ver la relación que dinamiza estos asuntos.
La excusa de restringir las fuerzas militantes a cambiar “lo
económico” que terminará por cambiar “lo religioso”, o de
“no imponer el ateísmo o una nueva fe al proletariado” son
frecuentes artimañas discursivas para no asustar al creyente
que puede pensar que somos unos demonios sin moral asesinos de niños o simplemente el resultado de una pereza mental
característica del militante de izquierda que cree tener todo
resuelto y por lo cual no tendría que reflexionar en torno a
su espiritualidad.
De los segundos hay quienes llegan a ver a la religión como
causa primera de la opresión respondiendo a quienes la ven
simplemente como una consecuencia.
Para nosotros no hay un punto medio entre ambos, pero
si, ambas concepciones desarrolladas más precisamente por
marxistas y bakuninistas respectivamente, han sentado unas
buenas bases para ser desarrolladas y superadas.
El engaño y la amabilidad hipócrita son conocidas herramientas de los políticos (con o sin un partido político) que
quieren ganar adherentes. Lejos de “ganar adherentes”, nosotros tampoco queremos reforzar la frontera entre lo público y lo privado propios de la sociedad burguesa. La religión
no es una cuestión individual sino social, que hoy significa
resignación ante la explotación y conciliación de clases.
En la religión se perciben elementos del antagonismo social,
positivos y negativos para su superación, se encuentran la
necesidad de una vida diferente y cualitativamente mejor,
así como el miedo y la sumisión necesarios para mantener
este orden de cosas. Entonces, no se trata de esperar al fin
de la burguesía o de atacar ciegamente y del mismo modo
al Gobierno y a la Iglesia, sin comprender el rol que ocupa
cada una de estas instituciones en la dinámica social.
¿Esto quiere decir que ante cualquier circunstancia que lo
amerite rechazamos el luchar junto a personas creyentes?
Claro que no, la creencia es simplemente un aspecto que
entendemos como una limitación entre las tantas que poseemos, pero la mentira y el ocultamiento ¡jamás!
Diversas expresiones tanto revolucionarias como regresivas
pueden tomar una envoltura política o hasta religiosa…
Pero expresan, aún sin forma, cuestiones más profundas de
lo que aparentan.
Cabe recordar con Bakunin que no menor es el mal que han
hecho y que aun continúan haciendo los creyentes sinceros.
Sin ellos, el poder de los hipócritas, tanto religiosos como
políticos, habría sido imposible. Los hipócritas nunca han
fundado religión alguna; se han contentado con explotar las
religiones fundadas por los creyentes sinceros. La ardiente
sinceridad de unos siempre ha servido de pasaporte a la a
3
Cuadernos de Negación nro.3, “Capital ficticio”.
En este número se encontrarán referencias a nros. anteriores, esto no es
una cuestión de exaltación del ego de esta publicación, sino más bien una
manera de comprender la interrelación de todos estos temas.
Por otra parte, advertimos: No vamos a malgastar tinta para
repetir lo que ya conocemos sobre la institucionalidad religiosa, no es la tarea de este texto.
5
El natural silencio de los dioses ha dejado parlotear a sus
enviados en la Tierra por los siglos de los siglos. Basta proclamarse enviado, traductor divino, interpretador, cana-
