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religión. Por lo tanto cualquier expresión de desarrollo de la
actividad de una especie, sobre todo cuando genera relaciones sociales tan complejas como la humana será un proceso
complejo. Quien busque en un texto, conversación o acto
práctico todas las respuestas a sus preguntas es que en
verdad no está haciéndose ninguna, y está rechazando
por anticipado cualquier indicio de respuesta.
bolar consignas y posiciones que den sentido a nuestra práctica en sentido a abolir la propiedad privada, el Capital, el
dinero, el trabajo, el Estado.
La perspectiva revolucionaria no puede perder la idea de organizarse, de relacionarse con otros de modo de hacer lo que
decidan, ni puede disolver la idea de que esta decisión pasa
por un conjunto de la humanidad que se halle hermanada por la necesidad de hacerlo, así como de su deseo. Esto
no pasa ni por un ámbito ideológico ni por alguna forma
de organización determinada, lo que tenemos a mano es el
esfuerzo y la voluntad que estemos dispuestos y seamos capaces de entregar, nuestra imaginación y las relaciones que
sepamos construir con nuestros pares2. Esos son fundamentos que tratamos de englobar, pero eso no es todo cuanto
hace necesario –y a su vez se interpone- en el desarrollo de
un cambio radical en la sociedad que abrace el comunismo
anárquico, por eso debemos también saber hurgar en otros
ámbitos que refuerzan la reacción y que persisten más allá de
definiciones poco claras que el movimiento revolucionario
no ha sabido resolver y, que como dijimos, invoca la infinitud de la totalidad. Por tanto nosotros tampoco pretendemos llegar a las definiciones definitivas, pero sí sentar las
bases de condiciones existentes a superar si pretendemos
hacer de la constitución de la comunidad humana
liberada en íntima relación con cuanto la rodea
una realidad. Por eso hemos de hablar de la
Religión, un espectro que se cree superado
pero que tiene cuerpo y formas que impiden la plena emancipación.
No es necesario ser reconocido especialista en teología, ni
proclamarse una persona profundamente espiritual para poder reflexionar acerca de estos temas, ya que es una cuestión
que nos atraviesa a todas las personas.
Sin embargo, la crítica de la religión se ha hecho, y se
sigue haciendo, suponiendo que la acción discursiva sobre las conciencias alienadas es en sí misma un fenómeno
material, cargado de sentido y de consecuencias prácticas. Esto, en cierto modo, significa reconocer en la esfera
de la conciencia una cierta autonomía respecto al devenir
de los fenómenos puramente físicos, o en otras palabras:
al criticar la religión de esa manera estamos admitiendo
la posibilidad de que se modifique la conciencia como
una entidad extraña de la vida social.
“Dios” es un concepto aún más complejo que el de “religión” y sumamente diverso en la multiplicidad de
expresiones. Ambos conceptos cuando se nos
presentan son más fáciles de reconocer que de
definir.
El concepto de dios es casi tan difuso para
sus adherentes como para sus críticos, así
y todo intentaremos ser lo más claros posibles al referirnos a aquel concepto… Ya
que tampoco son términos tan elásticos,
por más que no haya un buen diccionario que lo describa, todos y todas sabemos a
que nos referimos cuando nombramos “dios”
o “religión”. Aquello de “para mi dios es el ladrido
de un perro” o “llamo religión a todo lo que hace bien a
las personas” es una estupidez propia del relativismo posmoderno de nuestra época.
¿DE QUE HABLAMOS
CUANDO HABLAMOS
DE RELIGIÓN?
Es bien sabido lo complejo que es el debate sobre
que pertenecería a la categoría religión y que no. Sería prudente aclarar que cuando utilicemos el concepto de religión
debe ser entendido como sinónimo de un sistema de creencias más o menos establecido en torno a la divinidad y a su
correspondiente veneración.
No querríamos reducir a "religioso" por ejemplo, al sentimiento de asombro, alegría y temor ante la majestuosidad del universo, su tiempo y su espacio, o por la complejidad y belleza de la vida que nos abraza. No podemos
otorgarle ese crédito a la religión. Además vale la pena recordar que aquello que no conocemos se trata de aquello
que aún no conocemos, y con sus dogmas e inmovilidad la
religión poco tiene que aportar en ello.
Sabemos que el éxito de una religión no está en funcionar
orquestadamente y de forma teledirigida a la perfección por
sus líderes, su fuerza radica en la reproducción voluntaria o
involuntaria de su sistema de valores, creencias y rituales,
por parte de creyentes, simpatizantes y hasta de sus críticos.
Esta temática es compleja y difícil de abarcar simplemente
porque las relaciones sociales son complejas y más aún cuando en ellas se entrometen los inexplicables misterios de la
2
“[…] todos quienes en ésta sociedad no contamos con una
propiedad o negocio del cual obtener dinero y por lo tanto tenemos que
vender nuestro tiempo y energía a un jefe o patrón. En definitiva, nos vemos forzados a trabajar... y nuestro trabajo es la base de esta sociedad. No
somos una simple categoría social, somos una maldita realidad. El trabajo
y la sociedad que se desarrolla en torno a él nos alienan y hacen miserable
nuestras vidas. Vivimos para ‘ganarnos la vida’ y la vida que ‘ganamos’ la
derrochamos en la lucha diaria por sobrevivir sin satisfacer nuestros verdaderos deseos y sus necesidades”. Cuaderno de Negación nro.1, “¿Proletariqué?”
Algunos deterministas nos dirán que la religión fue necesaria para el desarrollo de la vida social de nuestra especie,
nosotros solo podemos asegurar que la religión simplemente
fue… Y es… Está aquí, y allí donde se busque se la encuentra. Es entonces una cuestión que no se puede esquivar.
Si hay gente para ir a morir por “dios”, la idea de dios tiene
fuerza social, tal como se puede enviar a millones de seres a
morir y matar por los intereses del Capital. Dios como tal
fuerza ideológica “existe”, tiene potencia social aunque
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