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cuade r no de n egación nro. 6
¡Abajo el reino de los cielos!
“La religión sobrepasa indudablemente a cualquier otra actividad humana en cantidad y variedad de tonterías. Si se
considera además su papel como cómplice de la dominación de clase a través de la historia, no es sorprendente que haya
atraído sobre sí el desprecio y el odio de cada vez más personas, en particular de los revolucionarios.
(...) La religión es la expresión alienada de lo cualitativo, la “realización fantasiosa de la humanidad”. El movimiento revolucionario debe oponerse a la religión, pero sin preferir a ella un amoralismo vulgar o un sentido común filisteo. Debe
tomar posición del otro lado de la religión. No ser menos que ella, sino más.
(...) No basta con explicar la religión por su papel social o su desarrollo histórico. Hay que descubrir también el contenido que se expresa en las formas religiosas. Debido a que los revolucionarios nunca se han enfrentado realmente a la
religión, ésta les persigue constantemente. Debido a que su crítica ha seguido siendo abstracta, superficial, vulgarmente
materialista, la religión engendra continuamente formas nuevas de sí misma, incluso entre quienes previamente estaban
contra ella por todo tipo de razones “materialistas” adecuadas. Los situacionistas observan complacientemente que “todas
las Iglesias se descomponen”, y no advierten que estamos también asistiendo, precisamente en los países industrialmente
más avanzados, a la proliferación de miles de religiones y neo-religiones. Toda nueva manifestación religiosa es un signo
del fracaso de la teoría radical a la hora de expresar el auténtico sentido oculto que se busca a través de estas formas.”
Ken Knabb, “La realización y la supresión de la religión”

INTROD U CCI Ó N
Ni en dioses, reyes ni tribunos / está el supremo salvador.
Nosotros mismos realicemos / el esfuerzo redentor.
La Internacional, 1871

Con los números anteriores hemos intentado desarrollar reflexiones fundamentales respecto a las condiciones que se imponen sobre la vida, tales como
el antagonismo social (nro.2), el trabajo asalariado y la mercancía (nro.3), el
Estado (nro.4) y la democracia (nro.5), presentando estos temas por separado para poder desarrollarlos de la manera que consideramos más conveniente. Como lo hemos recalcado en cada una de estas ediciones, la unidad de la
vida y su relación de totalidad –totalidad que no habla de una sumisión del
ser en el todo, sino que asume las implicancias y relaciones de cada partícula
del universo- hace que estos temas se entremezclen constantemente, dando
lugar a reflexiones que, para mejor y naturalmente, no se limitaban al tema
central que cada número propone como eje.
Por lo tanto con los números anteriores pretendemos construir un primer
bloque, o unidad, de temas que de alguna manera servirían de base para éste
y números posteriores pues expresan lo fundamental de la teoría revolucionaria en tanto asumir la definición del proletariado como nueva fuerza histórica
en relación con los esclavos, los siervos, los pobres, explotados y desposeídos de
épocas anteriores al capitalismo (antes del Renacimiento, antes sobre todo de la
industrialización). Y ello, no por amor a la industria o a las fuerzas productivas,
sino porque el capitalismo es el primer sistema de explotación universal, y se basa
en un proletariado potencialmente revolucionario debido a su existencia en el
Capital, a su interrelación con el capital, a la “implicación recíproca” precisamente, que le da la capacidad de actuar como sujeto de un cambio social radical,
la capacidad de crear una comunidad humana1. Las profundidades que este
enunciado implican son imprecisas y amplias y solo nuestra vida en relación
con otras personas nos permite generar un entendimiento que permita enar1
Gilles Dauve, “Comunización, una “llamada” y una “invitación””, Revista Troploin, Septiembre del 2004. Texto traducido y disponible en el sitio www.comunizacion.org