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©Campos Fonseca, Susan. “Diálogos en Ainulindalë: sobre el problema de pensar la música y la música como pensar".
En: Revista Humanitas, Vol. 3, 2008, Pontificia Universidad Javeriana, Cali-Colombia, 2008, pp.175-195.
como en El Ser y la Nada, Jean-Paul Sartre expone cómo el hombre es su propia nada y
la Nada deviene al mundo a través del hombre.
A partir de aquí empezamos a escuchar lo que No nos dice el Ainulindalë. Hasta
ahora, los hechos parecían llevarnos en dirección de una Música cómo modelo
ontoteológico; como cálculo y representación, pero ¿y si se tratará de eso sólo en
apariencia? Y ¿si ése saber absolutamente fuera sólo en tanto posible de un saber
absoluto de los que saben absolutamente la posibilidad del representar dicho omnitudo
realitatis?
Entonces, esa “viva voz” de la que nos habla Gadamer, esa Voz capaz de conservar
en el campo del lenguaje tanto la primera cómo la última palabra, sería en la “canción
sagrada y real”, es decir, Ainulindalë, sólo y cuanto es en sí, la pregunta sobre la
naturaleza de esos que saben absolutamente, de esos hombres que son su propia nada. Y
es ahí donde vemos el límite del omnitudo realitatis del canto primigenio que en el
Ainulindalë se trae a presencia, porque su principio es en el pensar de los que saben desde
la certeza de la muerte, desde la finitud y la facticidad. Ya que Ainulindalë, como canción
sagrada y real, es la génesis de la morada de lo hijos de El Único (Elfos y Hombres18),
aquellos que en el Namárië son capaces de cantarlo y lamentarlo.
J. R. R. Tolkien nos llevaba de su mundo ficticio al nuestro haciendo pasar la
música de lo posible por música de lo imposible, por lo que invertimos la relación y
trasladamos el lamento de la muerte de ese mundo ficticio (el Namárië) al lamento de
nuestro propio mundo, y que mejor representación de dicho lamento que el Cant de la
Sibilla, un canto que todavía se conserva en la tradición catalana y mallorquín, y que
pervive transformado en la Misa de Difuntos: el Réquiem.
II.2. El Cant de la Sibilla y el Namárië en el Ainulindalë
Solicito al Lector(a) que se coloque en una posición capaz de considerar las
similitudes entre el Namárië y el Cant de la Sibilla como voces donde el lenguaje
conserva tanto la primera cómo la última palabra, como cantos que traen consigo algo de
primigenio y algo de apocalíptico, porque implican un pensar la muerte.
Consideremos por ejemplo cómo los versos del Namárië nos revelan un serencubierto en la traducción tradicional del Ainulindalë, y cómo, en cierta forma, resumen
la trama de la fábula. Primero la improvisación de los Ainur sobre los temas de Ilúvatar
produjo una música que colmó el vacío provocando la visión de un mundo, el mundo de
Arda; y luego los versos del Namárië canta a un algo “de más allá del Oeste, bajo las
bóvedas azules de Varda”, Varda es el cielo, el límite entre Arda y el Vacío. El Vacío se
extiende en los “abismos del tiempo y las estrellas innumerables” donde según la fábula
residen Ilúvatar y los Ainur, lugar que a su vez se menciona en el Namárië como: “donde
las estrellas tiemblan, en la voz de su canción sagrada y real”, es decir, Ainulindalë.
Segundo, además, existen dos versiones del Ainulindalë, el primer texto data de
1930, y la versión incluida en el primer capítulo de The Silmarillion, fue publicada
18
"...y así fue que mientras esta visión del Mundo se desplegaba ante ellos, los Ainur vieron que contenía
cosas que no habían pensado antes. y vieron con asombro la llegada de los Hijos de Ilúvatar y las estancias
preparadas para ellos, y advirtieron que ellos mismos durante la labor de la música habían estado ocupados
en la preparación de esta morada, (...)los Hijos de Ilúvatar son Elfos y Hombres, los Primeros Nacidos y los
Seguidores.", en TOLKIEN, J.R.R.: El Silmarillion, p. 8.
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