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©Campos Fonseca, Susan. “Diálogos en Ainulindalë: sobre el problema de pensar la música y la música como pensar".
En: Revista Humanitas, Vol. 3, 2008, Pontificia Universidad Javeriana, Cali-Colombia, 2008, pp.175-195.
históricos, “Historias del ser de lo musical” matizadas con anécdotas de algo que no
puede ser atrapado, que se escapa de los exhaustivos análisis formales y de contenido, y
la insaciable necesidad de construir manuales y métodos que faciliten la reproducción y
fabricación en serie de la experiencia de un algo sobre lo que real y efectivamente sólo
tenemos representaciones.
Si recurrimos a la terminología filosófica, podríamos decir que la Música es en este
tipo de pensar una especie de modelo onto-teo-lógico, metafísico, porque se usa y
entiende como presencia. Por esta razón encontramos propuestas de una Música cómo:
imitación, idea, forma autónoma, símbolo, experiencia, fuerza política y social,
perspectiva pluralista, filosofía o ciencia. El filósofo y músico canadiense Wayne
Bowman lo expone perfectamente en su obra Philosophical Perspectives on Music
(1998), donde se dedica a analizar cada uno de estos tipos de “música-representación”.
Bowman parte de las siguientes preguntas: "Just what is music? And what is its
significance or importance? Or more concisely yet, What is the nature and value of
music?"6 Estas preguntas implican una reciprocidad entre lo que creemos que es Música
y otra cosa que ella no es pero deseamos que sea, es decir, representaciones, y esas
representaciones se han ordenado según criterios historiográficos.
A este respecto, G. W. F. Hegel señaló que la Metafísica cómo "historia del ser" es
"pensar en lo ente en cuanto tal y en su conjunto, en el movimiento del ser desde su
vacuidad hacia su plenitud desarrollada”7, lo que explicaría por qué las filosofías de la
música suelen ser historias del ser de algo (un ente) que identificamos o diferenciamos
como “Música”, y que eventualmente es clasificado como sonido de una época, de un
lugar y una hora, de un principio y un fin, del tiempo y la memoria en términos humanos,
o de su espejo en la Inteligencia Artificial (IA). Este tipo de pensar la Música tiene su
fuente específicamente en la Metafísica entendida por Heidegger cómo ontoteología, a
través de la cual la Música es pensada cómo una especie de genitivus objectivus.
Recuérdese el uso del término “ontoteología” en Immanuel Kant, donde aparece en
directa conjunción con el término “cosmoteología”, distinguiendo lo que él consideraba
dos tipos de teología transcendental, la ontología, que representa la trascendencia en el
sentido de lo transcendental, y la teología, que representa la trascendencia en el sentido
de lo trascendente. Esta “cosmoteología” como ir más allá, como “dar a conocer algo”,
será entendida en este contexto específico, y muy a grosso modo, en relación a un "pensar
representativo", nuestro pensar representativo, a través del cual “traemos a presencia” ese
algo llamado Música.
Teóricamente, según una síntesis realizada por Gianni Vattimo, esto implica, por un
lado, la “descripción del ente intra-mundano” que es “óntica”, y por otro, la
“interpretación del ser de ese ente” que es ontología. Y donde la ontoteología establece
una conexión entre óntica y ontología con “Teo”: la posibilidad de Un Ser Absoluto, de
“un Saber Absolutamente”.
Así, al relacionar el “Teo”, que en la famosa frase “Dios a muerto” de Nietzsche,
Heidegger interpretaba como la muerte de los valores supremos y absolutos8, y vincularlo
6
BOWMAN, Wayne D.: Philosophical Perspectives on Music, Oxford University Press, 1998, p. 2.
HEIDEGGER, M.: Identidad y diferencia, Barcelona, Anthropos, 1990, p. 125.
8
HEIDEGGER, M.: “La frase de Nietzsche ´Dios ha Muerto`”(1943), en Caminos en el Bosque, Alianza
Editorial, 2001, pp. 157-198.
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