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LA REFORMA INDISPENSABLE. LECTURA Y EDUCACIÓN
umbral de comprensión en niveles relativa o
escandalosamente bajos. Cuando leemos
por placer —o por interés, que es una de las
formas del placer—, esforzarse por entender
se vuelve imprescindible.
Un lector aprende pronto, aunque no lo
verbalice, que sin comprensión no hay
lectura.
Leer consiste en empeñarse en construir la
comprensión de un texto. Y ese esfuerzo
desarrolla habilidades —o destrezas, o
capacidades, o saberes, o competencias,
como ustedes quieran llamarlas— que
permiten armar redes de conocimiento,
integrar las emociones y las experiencias,
y practicar tres clases de pensamiento que
son fundamentales para cualquiera, pero
más aún —yo diría— para un maestro, que
de manera natural todos los días contagia a
sus alumnos comportamientos, entusiasmos
y actitudes: el pensamiento abstracto, que
nos permite manejar ideas; el pensamiento
utópico, que nos permite imaginar lo que
aún no existe, y el pensamiento crítico,
que nos permite poner en tela de juicio las
conclusiones a que llegan los demás y las
que obtenemos nosotros mismos.
Las reformas educativas se han multiplicado. Son modos que una administración
emplea para hacerse del poder y se
producen como golpes de Estado. En las
dos últimas décadas cada nueva reforma
educativa ha sido implantada antes de
que los profesores consiguieran asimilar la
anterior, con lo cual está garantizado el
desconcierto de los docentes, que terminan
por volver a los métodos y las estrategias
tradicionales, los cuales conocen bien y
les permiten obtener de sus alumnos los
resultados que esperan.
Aun en los casos en que estas reformas
tienen una sustentación teórica sólida,
no se ha encontrado nunca el tiempo
necesario para consensuarlas y justificarlas
de manera convincente, ni para capacitar
en su aplicación a los profesores, que por
lo regular se encuentran en una clara
desventaja académica frente a los expertos
que las diseñan.
Menciono un solo caso, que corresponde
a la asignatura de Español: todavía en
la actualidad, para muchos profesores el
planteamiento de que “la lectura no es un
proceso únicamente visual”, premisa del
programa de 1993, basado en el “enfoque
comunicativo”, es una idea novedosa y
sorprendente. Casi dos décadas después
de su incorporación al programa, muchos
docentes no se han apropiado del concepto
de que en el proceso de comprender
un texto, el lector trabaja a partir de sus
conocimientos y experiencias, de lo que
sabe, lo que sabe hacer y su experiencia: es
decir, de la información no visual con que
cuenta.
Para el público y, lo que es más grave, para
los propios docentes, la parte más visible
de las reformas consiste en cambios de
nomenclatura no muy claros: las habilidades
pasan apresuradamente a ser destrezas
o capacidades o competencias. Como
parte de estas reformas, para continuar
con el caso del Español, la Gramática ha
desaparecido, la memoria es una facultad
proscrita, y están siendo retirados los libros
de texto gratuitos de lectura: el único texto
5° Congreso Nacional de Educación
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