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LA CENTRALIDAD DE LA REFLEXIÓN EN LOS PROCESOS DE
FORMACIÓN, PERFECCIONAMIENTO Y EVALUACIÓN DE LOS DOCENTES

La segunda perspectiva se basa en datos
“que de alguna manera” se relacionen con los
desempeños reales de los docentes, algunos
consideran exámenes de conocimiento, ya
sea de los temas curriculares o del enfoque
pedagógico de moda (o ambos); otros,
con mayor atrevimiento, se basan en los
resultados de los exámenes estandarizados
(por ejemplo, prueba ENLACE, pruebas de
Carrera Magisterial, entre otras). Algunos
más se atreven a proponer modelos basados
en meras estimaciones estadísticas (como el
denominado “valor agregado”). Cualquier
alternativa para evitar las dificultades de
entender a la práctica en su contexto
concreto.
Introducirse al aula, de manera directa o
indirecta, y registrar los desempeños no
suele ser visto como viable, al menos para
fines de evaluación y menos aún para
identificar niveles de estímulos. Además,
¿bajo qué sustento empírico podemos
distinguir lo que hace un “buen maestro” de
lo que hace un “mal maestro”? ¿Con base
en cuánta información? El problema con
esta orientación es que no existe posibilidad
de que la práctica pedagógica se base en
conocimientos de datos a memorizar, como
los que mide un examen de docentes. Mucho
menos de los resultados de los exámenes
aplicados a los alumnos. ¿Las competencias
que un alumno puede mostrar en un
examen estandarizado depende sólo de la
capacidad de enseñanza de un docente?
Claro que no.
De
antemano

que
del
nivel
socioeconómico del hogar al que
pertenece el alumno depende del 30 al
50% de la «varianza del logro académico»,2

dependiendo de los países. Esto es, entre
una tercera parte y la mitad de los puntos
que un alumno obtiene en ENLACE (sólo
por citar un ejemplo) depende de lo
que ha aprendido fuera de la escuela,
principalmente en el hogar y en la calle,
con sus amistades.
Mientras más alto es el nivel socio-económico,
más rico es el número y diversidad de
estímulos culturales. Cierto es que podemos
identificar alumnos, aulas y escuelas del
mismo nivel socioeconómico con muy
diferentes resultados en esos exámenes. Ello
se debe a múltiples factores (al fin y al cabo
el determinismo no suele pasar de «explicar»
más del 50% de los resultados).Obviamente la
inteligencia, dedicación y motivación de los
alumnos cuenta (existen cientos de estudios
que encuentran que las expectativas sobre
la capacidad de los alumnos es un factor
asociado muy importante), las riqueza
del clima de aprendizaje de la escuela
suele influir y, también, claro, la capacidad
pedagógica de los docentes (que por
limitaciones importantes de las herramientas
de investigación suelen apreciar de
manera muy parcial y es relativamente
poco lo muestran los estudios estadísticos,
usualmente no pasa del 10%). Lo cierto es que
no se pueden fundar políticas de incentivos
únicamente en resultados de exámenes.
Simplemente es arbitrario e injusto.
Sin embargo, la profesión docente recibe
fuertes presiones para mostrar que cumple
con estándares básicos. Cada vez son
más los diagnósticos en donde aparece
como solución básica, y en ocasiones
única, la mejora de los desempeños de
los docentes. En ocasiones con cambios

5° Congreso Nacional de Educación

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