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ARMANDO LOERA VARELA
se debe estar consciente del impacto de
los componentes de la cultura del aula, así
como de la complejidad involucrada en la
diversidad cultural y social de los alumnos
y el propio docente (Gallego, Cole, et al.,
2001). La posibilidad de identificar modelos
de enseñanza no parte de usar la noción de
modelo como un marco de interpretación
(Nuthall and Snook, 1973) en cuanto que
define reglas para obtener y analizar datos
e interpretar sus resultados, sino más bien
como estructuras organizadoras de datos,
como mapas conceptuales que reducen y
simplifican procesos complejos.
Un procedimiento cada vez más aplicado
es el registro de los eventos de clase en
videograbaciones, tema en el que se ha
desarrollado un área especializada de
investigación cualitativa centrada en la
captura, codificación y generación de
teorías a partir de imágenes y sonidos (Bauer
y Gaskell, 2000, Flick, 2006). Holland y Doran
(1973) refieren el uso de videograbaciones
en la investigación del desempeño docente,
especialmente para discriminar buenas y
malas estrategias de interacción en el aula.
Simon y Boyer (1970) consideran que la
videograbación supera la mayor parte de
las limitaciones de los registros tradicionales.
Por lo que es cada vez más frecuente
que en la consideración de prácticas de
enseñanza se desarrollen investigaciones
con uso de videos como un recurso útil para
entender un tema complejo. Así lo afirma
Kennedy (2005), quien basa su estudio en
las prácticas de enseñanza y las reformas
educativas a partir de videograbaciones
de clase complementadas con entrevistas
a profundidad. Durante la entrevista los
investigadores motivan a los docentes
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Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación
a recordar segmentos de sus lecciones
que sean especialmente importantes
con el propósito de que reflexionen sobre
la estrategia pedagógica aplicada. Los
videos complementados de entrevistas
permiten desarrollar una perspectiva más
inductiva, desde los docentes, tratando de
evitar racionalizaciones o declaraciones
esperadas por las expectativas de los
políticos o de los propios investigadores1
sobre los aspectos que son más relevantes
de sus propias lecciones, dejando abierto el
nivel de profundidad al que quieren llegar los
propios docentes. En México se cuentan con
al menos dos experiencias prometedoras:
la primera es la desarrollada con base en
clubes de video por parte de académicos
de la Universidad Pedagógica Nacional
(UPN) (Sánchez y Rangel, 2009). La segunda
es la diseñada por los investigadores del
Centro de Estudios Educativos (CEE) e
implementada también por académicos
de la UPN, en el marco de la validación de
los estándares para la educación básica en
México (www.referenteseducativos.net).
A pesar del conocimiento existente sobre
la dificultad para entender y valorar
el desempeño docente
son dos las
perspectivas hasta ahora dominantes para
evaluarlos. La primera de ellas se basa en una
serie de atributos relativos a un perfil idóneo,
conformado por niveles de escolaridad,
cursos de capacitación, experiencia, entre
otros. Reviso la literatura especializada,
reviso mis estudios y encuentro que docentes
con el mismo perfil tienen desempeños muy
diferentes. ¿Cuál es el sustento empírico que
hace apostar por alguno de estos perfiles?
No hay respuesta clara y definitiva.
