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ELEMENTOS PARA LA DISCUSIÓN DE ALTERNATIVAS DE POLÍTICA
DE EVALUACIÓN DOCENTE
momento el maestro es calificado en función
de su desempeño.
Una opción diferente es que la evaluación
tenga consecuencias directas para la
carrera docente: los educadores con un
buen resultado en la evaluación recibirán una
remuneración adicional o una calificación
que les traerá otros beneficios en su carrera;
los maestros con un resultado insatisfactorio
recibirán una sanción profesional y moral
(si los resultados de la evaluación son
públicos), tendrán que asistir a instancias
de perfeccionamientos serán retirados
del trabajo en el aula si no logran mejorar
su desempeño. En este caso, la lógica
de la evaluación está dirigida a valorar y
calificar a los docentes, pero no constituye
en sí misma una instancia de aprendizaje
(si bien en general se supone que, a partir
de los resultados, se implementarán dichas
instancias).
Esta disyuntiva refleja una tensión inherente
a la condición humana: todos necesitamos
de nuestra propia motivación y de un
entorno no amenazador para aprender
pero, al mismo tiempo, en muchos
momentos
necesitamos
exigencias
externas para crecer y obligarnos a
realizar ciertas tareas. Todos los docentes
tenemos esta experiencia en el aula con
nuestros alumnos: para aprender necesitan
espacios formativos en los que puedan
actuar en función de su motivación e
intereses intrínsecos. Sin embargo, en
muchos momentos es necesario recordar
que existe la calificación y la posibilidad de
reprobar el curso, como forma de exigencia
y motivación externa. En algunas ocasiones
no basta con la motivación intrínseca y es
necesario recurrir a exigencias externas.
A veces, a partir de la exigencia externa,
se logra crear la motivación interior y el
gusto por el aprendizaje y algunos alumnos
terminan disfrutando por aprender cosas
que inicialmente no les interesaban.
Otras veces esto no ocurre y algunos
alumnos terminan ciertos cursos sin llegar
a interesarse por ellos. Es un fenómeno
normal, que probablemente todos hemos
experimentado en algún momento de
nuestra trayectoria educativa, incluso
como docentes.
El problema se plantea cuando ambas
finalidades están presentes en una misma
instancia de evaluación. Suele ocurrir
en el aula: muchos maestros califican
todas las actividades de sus alumnos,
incluso en instancias de evaluación que,
supuestamente, son de carácter formativo.
La consecuencia de este modo de proceder
es que la calificación se vuelve el centro
principal del interés de los alumnos.7
Lo mismo ocurre en la evaluación docente.
Una instancia de supervisión puede
tener dos finalidades diferentes: orientar
al maestro en sus modos de enseñar o
establecer una calificación. El problema es
cuando ambas finalidades están presentes
en el mismo acto de evaluación. Si soy
educador y un supervisor viene a ayudarme
y orientarme para enseñar mejor, no
El tratamiento de este problema en la evaluación
en el aula excede las posibilidades de este texto.
Los interesados pueden leer al respecto en el
artículo “Consignas, devoluciones y calificaciones:
los problemas de la evaluación en las aulas de
educación primaria en América Latina” (Páginas de
Educación, Año 2, N° 2, 2009). Disponible en: http://
www.ucu.edu.uy/Default.aspx?tabid=1267
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5° Congreso Nacional de Educación
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