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LAURA FRADE RUBIO
Como se observa, tanto el proceso para
desarrollar las competencias en los
estudiantes como en su evaluación implica
un diseño complejo, no lineal sino matricial
que no se lleva a cabo mediante una sola
estrategia sino mediante varias y además se
debería planificar con anticipación.
Evaluación por competencias desde una
visión compleja para la mejora continua
Conceptualizar la competencia como una
unidad de desempeño complejo ofrece la
oportunidad de lograr mejores procesos para
mejorar, ya que contamos con las aportaciones
de varias corrientes y de varias disciplinas a la
vez, asunto que provee de herramientas para
identificar los errores y corregirlos. Por ejemplo,
si sólo se identifica el proceso cognitivo como
se ha mencionado antes, qué tanto construye
el conocimiento el estudiante y qué tanto
sabe, no se observa como resuelve en la
práctica, lo que incluye los valores que utiliza
para hacerlo. Unos estudiantes de secundaria
pueden saber sobre el sexo, pueden incluso
señalar que toman decisiones adecuadas
sobre el mismo y que adoptan conductas
responsables haciendo uso del condón, pero
cuando se le pregunta ¿cuál es la razón por
la cuál se embarazó su compañera? Pueden
responder: “Se lo merece, para que se deja”.
Dicha respuesta incluye una postura que
nos demuestra que sí saben sobre el tema,
también expresan los valores culturales que
aplican para analizar la realidad. Si bien están
haciendo uso del conocimiento, no asumen
una actitud democrática que considere la
problemática de género, así su compañera es
culpable, pero el compañero que colaboró
no lo es, la responsabilidad es sólo de ella, no
de él.
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Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación
En este sentido, una evaluación más
compleja de los procesos y de los resultados
de los aprendizajes nos llevaría a identificar
en qué nos equivocamos, qué falta por hacer,
en qué dimensiones no se ha trabajado, qué
aspectos de las competencias establecidas
requieren fortalecerse y qué se debe hacer
al respecto.
Por otra parte, al observar lo que hace el
estudiante e intervenir en sus procesos de
producción estamos también promoviendo
que sea él o ella los que aprendan a
identificar sus errores, a detectarlos, lo que
trae como consecuencia el desarrollo de su
capacidad metacognitiva, una habilidad de
pensamiento que permite ser competente.
Es decir, las personas exitosas son aquellas
que pueden analizar su propio desempeño,
lo que se espera que hagan y las pautas
o acciones que tienen que llevar a cabo
para mejorarlas, corrigiendo sus propios
errores. En este sentido, una evaluación
compleja incluye también acciones de
mejora continua por parte del estudiante,
lo que se convierte entonces en un proceso
relacional: el docente evalúa si se aprendió,
si se obtuvieron resultados por el proceso
que llevó a cabo, lo que lo hace verificar su
papel, al mismo tiempo en que identifica sus
propias áreas de mejora, pero el estudiante
también lo hace al identificar cómo puede
mejorar utilizando las rúbricas y su propia
producción para tal efecto, estableciendo
pautas concretas de cambio.
La definición de los indicadores o pautas
de índole cualitativo que se ponderan
cuantitativamente en una rúbrica sobre lo
que deberán hacer los estudiantes para
obtener mejores resultados, es también
