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LOS NUDOS EXISTENTES EN LA EVALUACIÓN POR COMPETENCIAS
DESDE UNA VISIÓN DEL PENSAMIENTO COMPLEJO

plazos, puesto que estamos optando por
una de las dimensiones y uno solo de sus
elementos cuando se podría optar por
todos a la vez, diseñando marcos desde
los cuales se pudieran abordar.
• La abstracción que establece una ley
general que ignora las partes, como
cuando se retoman ciertas modas
pedagógicas en las que se dice que
no se debe hacer esto o aquello,
obligando a los docentes a llevar a
cabo prácticas que muchas veces no
han sido comprobadas científicamente
y están en discusión. Ejemplo de ello
es la afirmación de que el docente
deberá ser un facilitador. Mientras que
algunas corrientes señalan que el papel
del docente deberá ser mínimo, otras
advierten que sin su intervención no se
obtienen los mismos resultados, y lo que
es real es que existe evidencia científica
que respalda ambas posturas. El asunto
es que en ambos casos no se observan
las especificidades ni las particularidades
y que más allá de decir sí o no frente a
cada una, tendríamos que tomar un
principio más flexible que respondiera
de una mejor forma a los estudiantes,
como pudiera ser que el docente debe
satisfacer las necesidades educativas
de sus estudiantes, lo que lo llevará
a conocer, aplicar y considerar una
diversidad de prácticas pedagógicas
que no se encierran en una sola ley
general.
• La causalidad: todo tiene una sola causa
y un solo efecto, de manera que cuando
se observan sólo los procesos se identifica
una sola causa y un solo efecto, lo que

nos lleva a analizar de manera parcial la
realidad. Así, cuando sólo retomamos los
aspectos formativos que no los sumativos,
o viceversa, sólo se está visualizando que
es en el proceso en donde se encuentran
las fallas, cuando éstas podrían también
estar en el resultado o bien en ambos. O
como cuando se analiza que si se otorgan
calificaciones los estudiantes no saben
en qué se equivocaron y no pueden
desarrollar su metacognición, y además
se acostumbran a lograr un numerito en
lugar del aprendizaje, por lo que deben
eliminarse. Si se toma este principio no
se analiza la relación entre la calidad y
la cantidad, de manera que al definir
los indicadores de calidad, valga la
redundancia, se obtenga una medición
que nos permita identificar qué tenemos
que hacer para mejorar con una mayor
exactitud, pero además que nos permita
estimar los resultados obtenidos por el
grupo, la escuela, el sector, etcétera,
es decir hacer mediciones estadísticas
que nos aporten información sobre el
comportamiento educativo de nuestros
estudiantes en conjunto, definiendo si
podrían estar mejor al visualizar lo que
hacen otros, lo que además provee un
rango de comparación entre lo que se
hace y lo que se podría hacer, tanto por
la escuela como por cada estudiante.
Como se observa los principales nudos que
tenemos en la evaluación de competencias
emergen del pensamiento simple, seguimos
pensando
de
manera
reduccionista,
disyuntiva, generalizadora y causal. Esto nos
impide salir adelante frente a las realidades
complejas del siglo XXI que consideran
todas las variables y dimensiones, de forma

5° Congreso Nacional de Educación

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