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LOS NUDOS EXISTENTES EN LA EVALUACIÓN POR COMPETENCIAS
DESDE UNA VISIÓN DEL PENSAMIENTO COMPLEJO
en juego todos los recursos que tenemos
para salir adelante y cuyas dimensiones se
articulan y vinculan de manera continua.
Así, cuando un sujeto observa un problema
y piensa qué hacer, se interesa por él y utiliza
los sentidos para hacerlo, los frontales de
su cerebro comienzan a planear la acción
y la toma de decisiones que lo llevan a
ejecutar, retomando de su memoria los
conocimientos previos que tiene para
lograrlo, y la identificación de lo que no
sabe, de manera que esto le permite buscar
cómo obtenerlos, para luego llevar a cabo
conductas específicas que se observan
y se pueden medir en la resolución de lo
que enfrenta de una manera adecuada
a la demanda, es decir, que lo que hizo
satisfizo los requerimientos de la misma,
pero además se pudo resolver tomando en
cuenta lo que la sociedad espera se realice,
es culturalmente apropiado y no sólo lo que
el individuo pretende. Así, por más eficiente
que sea un químico para producir y vender
tachas en el sótano de su casa sin que lo
cache la policía, esto no es aceptado, por
lo que no se considera un comportamiento
competente (Frade 2009 b, 2011 a).
La competencia entonces es una unidad
de desempeño que se caracteriza por su
complejidad, lo que nos lleva entonces a
aceptar que las competencias tampoco
se pueden desarrollar en escenarios de
enseñanza simples, en donde el maestro o
maestra enseña y el niño o niña responden a
su solicitud, sino más bien en situaciones que
incluyen demandas de la vida real frente a
las cuales los estudiantes deberán responder
poniendo todos sus recursos, pensando y
resolviendo para salir adelante, en las que
analizan y emiten diferentes productos, como
son proyectos, casos, problemas, dinámicas,
productos
varios,
experimentos
que
identifican diversas variables, investigaciones
que cuenten con hipótesis a comprobar
y juegos en los que deban aprender e
interesarse por ganar, porque a lo largo de
la vida todos jugamos. Dichas situaciones
deberán contar entonces con conflictos
cognitivos que deberán llevar al estudiante
a interesarse por participar, generando así
su motivación y gusto por la tarea, a razonar
para adquirir el conocimiento que no tiene
con la perspectiva de salir adelante frente a
lo que identifica en la misma, y a hacer uso
del mismo en el contexto que se le plantea,
pero también en otros tal vez más complejos
en los que lo podrá necesitar (Frade 2011c).
Este proceso de enseñanza-aprendizaje
incluye entonces elementos de las diversas
corrientes pedagógicas que van desde el
constructivismo hasta el conductismo, pero
además toma en cuenta las contribuciones
de la neuropsicología, al promover la
planificación de la acción y la toma de
decisiones por parte del sujeto y de la
biología, al observar los comportamientos
adaptativos en diferentes contextos, así
como de la filosofía, la ética y la sociología,
al identificar lo que una sociedad considera
que es adecuado tomando en cuenta los
valores culturales que la representan y que
le resultan trascendentes.
La incorporación de las contribuciones de
varias corrientes y disciplinas a la vez pudiera
resultar contradictoria para algunos, puesto
que hablar de lo que el cerebro hace
como base de la competencia implica
reconocer que cuenta con un fundamento
neurológico que lo sustenta, y que cuando
5° Congreso Nacional de Educación
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