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TOTALITARISMO
madas organizaciones frontales, la distinción que trazan entre los miembros
del partido y sus simpatizantes. En comparación con esta invención, otras
características típicamente totalitarias, tales como la designación de funcio
narios desde arriba y el monopolio de los nombramientos en un hombre, son
de importancia secundaria. El llamado «principio del jefe» no es en sí mismo
totalitario; ha tomado ciertas características del autoritarismo y de la dictadu
ra militar, que han contribuido considerablemente a oscurecer y a empeque
ñecer el fenómeno esencialmente totalitario. Si los funcionarios nombrados
desde arriba poseyeran autoridad y responsabilidad reales, tendríamos que
habérnoslas con una estructura jerarquizada en la que la autoridad y el poder
son delegados y gobernados por leyes. Cabe decir lo mismo de la organiza
ción de un ejército y de la dictadura militar establecida según su modelo;
aquí el poder absoluto de mando de arriba abajo y la obediencia absoluta de
abajo arriba corresponden a la situación de peligro extrema en combate, que
es precisamente por lo que no son totalitarios. Una cadena de mando jerár
quicamente organizada significa que el poder del que manda depende de
todo el sistema jerárquico en el que opera. Cada jerarquía, por totalitaria que
sea en su dirección, y cada cadena de mando, por arbitrario y dictatorial que sea
el contenido de las órdenes, tienden a estabilizar, y restringirían, el poder
total del líder de un movimiento totalitario6162. En el lenguaje de ios nazis, la
inagotable, incansable y dinámica «voluntad del Führer» —y no sus órdenes,
término que puede implicar una autoridad determinada y circunscrita— se
convierte en ley suprema en un estado totalitario63. El principio del jefe desa
rrolla su carácter totalitario sólo a partir de la posición en la que el movi
miento totalitario, gradas a su posición única, coloca al jefe; sólo a partir,
pues, de su importancia funcional para el movimiento. Esto es también
corroborado por el hecho de que, tanto en el caso de Hítler como en el de
StaÜn, el principio mismo del jefe sólo cristalizó lenta y paralelamente a la
progresiva «totalitarízación» del movimiento64.
61 La demanda vehementemente urgente cíe Himmler de «no promulgar ningún decreto concer
niente a la definición del término "judío”» es un caso que merece subrayarse, porque «con estos alo
cados compromisos nos ataremos las manos« (Documento de Nuremberg mím. 626, carta a Berger,
fechada el 28 de julio de 1942, fotocopia en el «Centre de Documentation Juive»).
65 La expresión «La voluntad del Führer es la ley suprema» se halla en todas las fórmulas oficiales
relativas a la dirección del partido y de las SS. La mejor fuente sobre el tema es Rechtseinrkhtukgen
andRecbtsaujgaben der Bewegung, de Otro Gauweiler, 1939.
64 Heiden, op. cit., p. 292, señala ía siguiente diferencia entre la primera edición de Mein Kampfy ía
siguiente: la primera edición propone la elección de funcionarios del partido que sólo tras esa elec
ción estarán investidos de «un poder y una autoridad ilimitados»; en las siguientes ediciones se deter
mina que la designación de los funcionarios del partido será realizada desde arriba, por el jefe inm e
diato superior. Naturalmente, para la estabilidad de ios regímenes totalitarios el nombramiento desde
