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TOTALITARISMO
de una mayoría de simpatizantes se aproxima mucho a ia realidad ulterior de
las organizaciones frontales, término que, desde luego, expresa suficiente
mente su eventual función y que indica dentro del mismo movimiento la
relación entre miembros y simpatizantes. Porque las organizaciones frontales
de simpatizantes no son menos esenciales al funcionamiento del movimiento
que su mismo cuerpo de afiliados.
Las organizaciones frontales rodean a los afiliados al movimiento con
una muralla protectora que íes separa del mundo normal exterior; al mismo
tiempo, constituyen un puente hacia la normalidad, sin el cual, durante la
fase previa a la conquista del poder, los afiliados advertirían demasiado agu
damente la distinción entre sus propias creencias y las de las personas norma
les, entre su ficción y la realidad del mundo normal. La ingeniosidad de este
recurso durante la lucha del movimiento por el poder estriba en que las orga
nizaciones frontales no sólo aíslan a los afiliados, sino que les ofrecen algo
semejante a la normalidad exterior que reduce el impacto de la verdadera rea
lidad más eficazmente que el simple adoctrinamiento. Es esta diferencia en
tre las propias actitudes y las de los compañeros de viaje la que confirma a un
nazi o a un bolchevique en su creencia en la ficticia explicación del mundo,
porque, después de todo, el compañero de viaje tiene las mismas conviccio
nes aunque sea en una forma más «normal», es decir, menos fanática, más
confusa; así, para el miembro del partido parece que cualquiera a quien el
movimiento no haya singularizado expresamente como enemigo (un judío,
un capitalista, etc.) se halla a su lado, que el mundo está lleno de secretos
aliados que sencillamente todavía no pueden reunir 1a necesaria fuerza de
mente y de carácter como para extraer las conclusiones lógicas de sus propias
convicciones67,
Por otro lado, el mundo en general usualmente obtiene su primera visión
de un movimiento totalitario a través de sus organizaciones frontales. Los
simpatizantes que, según todas las apariencias, son todavía inocuos ciudada
nos de una sociedad no totalitaria difícilmente pueden ser considerados inge
nuos fanáticos; a través de ellos el movimiento hace generalmente más acep
tables sus fantásticas mentiras; pueden difundir su propaganda en formas
más suaves y respetables, hasta que toda la atmósfera quede envenenada con
elementos totalitarios que son difícilmente reconocibles como tales y que
con «Die veríassungsrechtliche Gestaitung der Ein-Partei», de Gottfried Neese, en Zeitschrififiir die
gesamte Staatstvtssenschafi, 1938, romo 98, p. 678: «Incluso el partido único jamás debe crecer hasta
abarcar a toda la población. Es “rota!” en razón de su influencia ideológica sobre la nación».
67 Véase la diferenciación de H íder entre las «personas radicales», que son las únicas que se hallan
preparadas para convertirse en miembros del partido, y ios centenares de miles de simpatizantes, que
son demasiado «cobardes» para hacer los sacrificios necesarios (op, ctt„ loe. cit.).
