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EL MOVIMIENTO TOTALITARIO
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judía ya existente constituyó la base para la ilusión de una futura dominación
mundial alemana. En esto es en lo que Himmler pensaba cuando declaró que
«debemos el arte de gobernar a los judíos», es decir, a los «Protocolos», que «el
Führer [se ha] aprendido de memoria»50. Así, los «Protocolos» presentaban la
conquista mundial como una posibilidad práctica y daban por sobreentendido
que todo el asunto era una cuestión de capacidad inspirada o de astucia, y que
en el camino hacia una victoria alemana sobre todo el mundo sólo se alzaba un
pueblo patentemente pequeño, los judíos, que dominaban al mundo sin poseer
los instrumentos de violencia — un adversario, por eso, fácil, una vez que había
sido descubierto su secreto y emulados sus métodos en una escala más amplia.
La propaganda nazi concentró todas estas perspectivas nuevas y prometedo
ras en un concepto que denominó Voíksgemeimchafi. Esta nueva comunidad,
ensayada por el movimiento nazi en la atmósfera pretotalitaria, se basaba en la
igualdad absoluta de todos los alemanes, una igualdad no de hecho, sino de
naturaleza, y en su absoluta diferencia de todos ios demás pueblos51. Después de
que los nazis subieron al poder, este concepto perdió gradualmente su importan. cía y dio paso, por una parte, a un desprecio general por el pueblo alemán que los
nazis habían albergado siempre, pero que hasta entonces no habían podido
demostrar muy bien públicamente52, y, por otra, a una gran ansiedad por am
pliar sus propias filas con arios de otras naciones, idea que sólo había desempeña
do un pequeño papel en la fase previa al poder de la propaganda nazi53, La Volks50 «Dossier Kersten», en el Centre de D ocum entaron Juive.
51 La primitiva promesa de Hitler (Reden): «Nunca reconoceré que otras naciones tengan el mismo
derecho que la alemana», se convirtió en doctrina oficial: «La base de la perspectiva nacionalsocialis
ta en la vida es la percepción de la desemejanza de los hombres» (Nazi Primer, p. 5).
52 Por ejemplo, Hitler en 1932: «El pueblo alemán consiste en un tercio de héroes, un tercio de
cobardes, mientras que el resto son traidores» (Hitlers Speeches, ed. Baynes, p. 76).
Tras la conquista del poder esta tendencia se tornó más brutalmente manifiesta. Véase, por ejem
plo, lo que dijo Goebbels en 1934: «¿Quiénes son ésos para criticar? ¿Miembros del partido? No. ¿El
resto del pueblo alemán? Tendría que considerarse suficientemente afortunado con seguir vivo. Sería
demasiado permitir las críticas de aquellos que viven a merced de nosotros». Cita de Kohn-Bramstedt, op. cit., pp. 178-179* Durante la guerra, Hitler declaró: «No soy nada más que un imán que se
mueve constantemente a través de la nación alemana, extrayendo el acero de este pueblo, Y he decla
rado a menudo que llegará el día en que todos los hombres valiosos de Alemania estén en mí campo.
Y aquellos que no estén a mi lado no serán valiosos en manera alguna». Para el entorno inmediato de
Hitler resultaba muy claro lo que sucedería a aquellos que «no son valiosos en manera alguna» (véa
se Der grossdeutsche Freiheitskampf. Reden Hitlers vom 1.9.1939-10.3,1940, p. 174). Hitler pensaba
lo mismo cuando dijo: «El Führer no piensa como alemán, sino en términos germánicos» («Dossier
Kersten», arriba citado), excepto que sabemos por las Hitlers Tischgespräche (pp. 315 y ss.) que en
aquellos días ya se burlaba incluso del «clamor» germánico y pensaba en «términos arios».
53 Himmler, en un discurso a los jefes de las SS en Jarkov, en abril de 1943 (Nazi Conspiracy, IV, 572
y ss.): «Pronto formaré unas SS germánicas en diferentes países...». Antes de la conquista del poder
Hitler dio una primera indicación de esta política no nacional (Reden); «Desde luego, acogeremos en
la nueva clase de señores a representantes de otras naciones, es decir, a aquellos que lo merecen en ra
zón de su participación en nuestra lucha».
