Compendio de Textos para PAU UCLM 2025 26.pdf


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EL MOVIMIENTO TOTALITARIO

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con el propósito de denunciar a los judíos y de prevenir al populacho contra
los peligros de la dominación judía42. En términos de simple propaganda, el
descubrimiento de los nazis consistió en advertir que las masas no estaban
tan aterradas por una dominación judía mundial como interesadas en averi­
guar cómo podría realizarse, que la popularidad de los «Protocolos» se basaba
en la admiración o el fervor, más que en el odio, y que sería prudente perma­
necer tan cerca como fuera posible de algunas de sus más importantes fórmu­
las, como en el caso del famoso eslogan: «Justo es lo que es bueno para el pue­
blo alemán», que se hallaba copiado del de los «Protocolos»; «Todo lo que
beneficia ai pueblo judío es moraímente justo y sagrado»43.
Los «Protocolos» son en muchos aspectos un documento curioso y nota­
ble. Al margen de su maquiavelismo barato, su característica política esencial
es que en su fanático estilo abordan todos los temas importantes de la época.
Son antinacionales en principio y describen a la nación-estado como un
coloso de pies de barro. Desprecian la soberanía nacional y creen, como Hitler señaló una vez, en un imperio mundial sobre una base nacional44. No se
satisfacen con la revolución en un país determinado, sino que pretenden la
conquista y la dominación del mundo. Prometen al pueblo que, al margen
de la superioridad en número, territorio y poder estatal, serán capaces de lo­
grar la conquista mundial sólo a través de la organización. En realidad, parte
de su fuerza persuasiva se deriva de antiquísimos elementos de superstición.
La noción de la existencia ininterrumpida de una secta internacional que ha
perseguido desde la Antigüedad los mismos objetivos revolucionarios es muy
antigua45 y ha desempeñado un papel en la literatura política barata desde la
42 Sobre la historia de los «Protocolos», véase An Appraisalofthe Protocols ofZion, de John S. Curtiss,
1942.
El hecho de que los «Protocolos» fueran una falsedad resultó irrelevante para los fines propangandísticos. El autor ruso S. A. Nilus, que publicó la segunda edición rusa en 1905, era ya bien cons­
ciente del dudoso carácter de este documento y añadió algo obvio: «Pero si fuera posible mostrar su
autenticidad por documentos o por declaración de testigos fidedignos, si fuera posible identificar a
las personas que se hallan a la cabeza del complot mundial..., entonces... “la secreta iniquidad” podía
quedar destrozada...» (traducción en Curtiss, op. cit.).
Hitler no necesitó a Nilus para utilizar el mismo truco: la mejor prueba de su autenticidad con­
sistía en haberse demostrado que eran una falsedad. Y añade también el argumento de su «placibi­
lidad»: «Lo que muchos judíos pueden hacer inconscientemente se formula aquí consciente y clara­
mente. Y esto es lo que cuenta» (Mein Ktimpf, libro I, cap. XI).
43 Fritsch, op. cit., «[Der Jiulen) oberster Grimdsatz lautet: "Alies was dem VolkeJttda niitzt, istmora-

lisch und ist heilig”».
44 «Los imperios mundiales surgen de una base nacional, pero se extienden más allá de ella» (Reden).
45 Henry Roliin, VApocallypse de notre temps, París, 1939, quien considera que la popularidad de los
«Protocolos» sólo es superada por la de la Biblia (p. 40), muestra la semejanza entre ellos y los Móni­
ta Secreta, publicados por vez primera en 1612 y que todavía se vendían en las calles de París en
1939, los cuales afirmaban revelar una conspiración jesuítica «que justifica todas las villanías y todo
el empleo de la violencia... Ésta es una campaña auténtica contra el orden establecido» (p. 32).