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TOTALITARISMO
ríores motivos siniestros, porque ¿acaso no era todo esto a ía vez un miembro
del partido nazi?
Resulta interesante el hecho de que, incluso en sus comienzos, los nazis se
mostraran suficientemente prudentes como para no utilizar nunca eslóganes
que, como democracia, república, dictadura o monarquía, indicaran una for
ma específica de gobierno39. Es como si, en esta cuestión, hubieran sabido
siempre que serían enteramente origínales. Cada discusión acerca de la forma
real de su futuro gobierno era desdeñada como una charla inútil sobre meras
formalidades — porque el estado, según Hitler, era sólo un «medio» para ía
conservación de la raza, igual que el estado, según la propaganda bolchevi
que, es sólo un instrumento de la lucha de clases40.
De otra forma curiosa e indirecta, los nazis dieron una respuesta propa
gandística a la pregunta relativa a lo que sería su futuro papel, y ello fue en su
empleo de los «Protocolos de los Sabios de Sión» como modelo para la orga
nización futura de las masas alemanas con objeto de lograr un «imperio m un
dial». El empleo de los «Protocolos» no quedó limitado a los nazis; en la Ale
mania de la posguerra se vendieron centenares de miles de ejemplares y ni
siquiera fue algo novedoso su franca adopción de ios «Protocolos» como ma
nual político41. Sin embargo, esta falsificación fue principalmente utilizada
39 En los casos aislados en los que Hitler llegó a ocuparse de esta cuestión acostumbraba a recalcar:
«Incidentalmente, yo no soy el jefe de un Estado, en el sentido de un dictador o un monarca, sino
que soy el jefe del pueblo alemán» (véase Ausgewählte Reden des Führers, 1939, p. 114). Hans Frank
se expresó dentro del mismo espíritu: «El Reich nacionalsocialista no es un régimen dictatorial y me
nos aun arbitrarlo. El Reich nacionalsocialista, en vez de eso, se basa en la lealtad mutua del Führer
y del pueblo» (en Recht und Verwaltung, Múnich, 1939, p. 15).
40 Hitler repitió muchas veces: «El estado es sólo el medio para un fin. Eí fin es: la conservación de
la raza» (Reden, 1939, p. 125). También subrayó que su movimiento «no se basa en la idea de! esta
do, sino que se halla basado primariamente en la Volksgemeinschaft cerrada» [véase Reden, 1933, p.
125, y el discurso pronunciado ante la nueva generación de jefes políticos (Führernachwuchs), 1937,
que se publica como addendum a las Hitlers Tischgespräche, p. 446]. Éste, mutatis mutandis, es tam
bién el núcleo de ía complicada y deliberada ambigüedad que caracteriza a la llamada «teoría del
estado» de Stalin: «Nos declaramos en favor de la muerte del estado y al mismo tiempo nos alzamos
en pro del fortalecimiento de la dictadura del proletariado, que representa la más poderosa y poten
te autoridad de todas las formas del estado que han existido hasta el día de hoy. El más elevado desa
rrollo posible del poder del estado con objeto de preparar las condiciones para ía muerte del estado:
ésta es la fórmula marxista» (op. cit„ loe. cit.).
41 Alexander Stein, AdolfHitler, Schüler der «Weisen von Zion», Karlsbad, 1936, fue el primero en
analizar por comparación filológica la identidad ideológica de las enseñanzas de los nazis con las de
los «Sabios de Sión» {véase también AdolfHitler et les «Protocoles des Sages de Siom, de R. M. Blank,
1938).
El primero en admitir su deuda con las enseñanzas de los «Protocolos» fue Theodor Fritsch, el
«gran anciano» del antisemitismo alemán de la posguerra. Escribe en el epílogo a su edición de los
Protocolos, 1924: «Nuestros futuros políticos y diplomáticos tendrán que aprender de los maestros
orientales de la villanía hasta el ABC del arte de gobernar, y, para este fin, los “Protocolos sionistas”
ofrecen una excelente instrucción preparatoria».
