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TOTALITARISMO
Revolución francesa, aunque a finales del siglo xvilí a nadie se le habría ocu
rrido escribir que los judíos1*6 pudieran ser la «secta revolucionaria», esta «na
ción peculiar.., entre todas las naciones civilizadas».
Fue eí tema de una conspiración global lo que en los «Protocolos» más atra
jo a las masas, porque tan bien se correspondía con la nueva situación deí po
der (en fecha muy temprana Hitler prometió que el movimiento nazi «supera
ría los estrechos límites del nacionalismo moderno»4647, y durante la guerra se
realizaron en eí seno de las SS tentativas para borrar totalmente del vocabulario
nacionalsocialista la palabra «nación»). Sólo las potencias mundiales parecían
seguir teniendo una posibilidad de supervivencia independiente, y sólo una
política global parecía tener una posibilidad de resultados duraderos. También
es comprensible que esta situación asustara a las pequeñas naciones que no eran
potencias mundiales. Los «Protocolos» parecían ofrecer una salida que no
dependía de inalterables condiciones objetivas, sino tan sólo del poder de la
organización.
La propaganda nazi, en otras palabras, descubrió en el judío, «supranadonal
porque es intensamente nacional»48, al precursor del alemán dueño del mundo,
y aseguró a las masas que «las naciones que han sido las primeras en ver a través
del judío y las primeras en combatirle van a ser las primeras en ocupar su pues
to en la dominación del mundo»49. El espejismo de una dominación mundial
46 Toda la literatura está bien representada por las Recherches politiques et historiques qui prouvent
l'existence d ’une secte révolutionnaire, del Caballero de Malet, 1817, quien cita extensamente a auto
res anteriores. Para él los héroes de la Revolución francesa son mannequins de una agence secrète, los
agentes de los francmasones. Pero francmasonería es sólo eí nombre que sus contemporáneos dieron
a una «secta revolucionaria» que ha existido en todos los tiempos y cuya política ha consistido siem
pre en atacar «tras la escena, en manipular los hilos de las marionetas a las que se juzgue convenien
te colocar en eí escenario». Empieza por decir: «Probablemente, será difícil creer en un plan que fue
elaborado en la Antigüedad y seguido siempre con ía misma constancia:... los autores de la Revolu
ción no son más franceses que alemanes, italianos, ingleses, etc. Constituyen una nación peculiar,
nacida y desarrollada en la oscuridad, entre todas las naciones civilizadas, con el objetivo de someter
las a su dominación».
Para un extenso examen de esta literatura, véase La Franc-Maçonnerie Artésienne au 7S ' siècle, de
E. Lesueur, «Bibliothèque d’Hfstoîre Révolutionnaire», 1914. Por la extensa y fanática literatura
antifrancmasónica en Francia, apenas menos amplia que su contrapartida antisemita, puede adver
tirse cuán persistentes son estas leyendas de conspiración incluso bajo circunstancias normales. En
La Franc-Maçonnerie en France, des origines à 1815, de G. Bord, 1908, puede hallarse una especie de
compendio de todas fas teorías que vieron en la Revolución francesa eí producto de sociedades secre
tas conspiradoras,
41 Reden. Véase la transcripción de una sesión deí Comité SS sobre cuestiones laborales en eí Cuar
tel General de las SS en Berlín el 12 de enero de í 943, donde se sugirió que la palabra «nación», con
cepto cargado de connotaciones de liberalismo, debería ser eliminada por inadecuada para los pue
blos germánicos (Documento 705-PS, en Nazi Conspiracy and Aggression, V, 515).
í3 Hitlers Speeches, ed. Baynes, p. 6.
49 Goebbels, op. cit„ p. 377. Esta promesa, implícita en toda ía propangada antisemita del tipo nazi, fue
preparada por Hitler: «El más extremado contraste del ario es el judío» (Mein Kmipf, libro í, cap. XI).
