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EL MOVIMIENTO TOTALITARIO
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nacionalizadas como la judería francesa durante las primeras décadas de ia
Tercera República.
En 1917, cuando el gobierno alemán, siguiendo una tradición largamen
te afirmada, trató de emplear a sus judíos para iniciar tentativamente nego
ciaciones de paz con los aliados, resultó bien claro cuán conscientes eran ya
los estados implicados del cambio de la situación. En lugar de dirigirse a los
jefes reconocidos de la judería alemana, acudió a la minoría sionista, relativa
mente pequeña y carente de influencia, que todavía confiaba en el antiguo sis
tema precisamente porque insistía en la existencia de un pueblo judío indepen
diente de ía nacionalidad y de la que por eso todavía cabía esperar que prestara
unos servicios que dependían de conexiones internacionales y de un punto de
vísta internacional. El paso, sin embargo, resultó ser un error del gobierno ale
mán. Los sionistas hicieron algo que ningún banquero judío había hecho hasta
entonces; impusieron sus propias condiciones y respondieron al gobierno que
sólo negociarían una paz sin anexiones y sin reparaciones30. Había desapareci
do ía antigua indiferencia judía a las cuestiones políticas; ya no era posible uti
lizar a la mayoría porque no se hallaba marginada de la nación, y la minoría
sionista resultaba inútil porque poseía ideas políticas propias.
La sustitución en Europa central de los gobiernos monárquicos por repú
blicas completó la desintegración de las juderías de la región, de la misma
manera que el establecimiento de ía Tercera República había tenido en Fran
cia el mismo resultado unos cincuenta años antes. Los judíos habían perdido
ya gran parte de su influencia cuando se establecieron los nuevos gobiernos
bajo condiciones en las que no podían ni querían proteger a sus judíos. En las
negociaciones de paz en Versailes los judíos fueron empleados principalmen
te como expertos, e incluso los antisemitas admitían que los pequeños estafa
dores judíos de la era de ia posguerra, principalmente recién llegados, tras cu
yas actividades fraudulentas, que les distinguían profundamente de sus corre
ligionarios nativos, se hallaba una actitud que recordaba curiosamente la
antigua indiferencia por las normas del entorno, carecían de conexiones con
los representantes de una supuesta internacional judía31.
Entre toda la turba de grupos antisemitas competidores y en una atmós
fera cargada de antisemitismo, la propaganda nazi desarrolló un método de
tratar el tema que era diferente y superior a todos los demás. Sin embargo,
ningún eslogan nazi era nuevo, ni siquiera la astuta imagen de Hitíer de una
lucha de clases provocada por el patrono judío que explota a sus obreros
mientras que, al mismo tiempo, en el patio de la fábrica su hermano íes inci
30 Véase la autobiografía de Chaim Weitzmann, Trial and Error, Nueva York, 1949, p. 185.
31 Véase, por ejemplo, Jüdische Geld- und Welthemchaft?, de Otro Bonhard, 1926, p. 57.
