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EL MOVIMIENTO TOTALITARIO
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el dominio de las 300 familias, hasta llegar a las siniestras maquinaciones
imperialistas (es decir, globales) de los servicios secretos británicos o ame
ricanos29.
La eficacia de este tipo de propaganda demuestra una de las característi
cas principales de las masas modernas. No creen en nada visible, en la reali
dad de su propia experiencia; no confían en sus ojos ni en sus oídos, sino sólo
en sus imaginaciones, que pueden ser atraídas por todo lo que es al mismo
tiempo universal y consecuente en sí mismo. Lo que convence a las masas no
son los hechos, ni siquiera los hechos inventados, sino sólo la consistencia del
sistema del que son presumiblemente parte. La repetición, cuya importancia
ha ido algo sobrestímada en razón de la extendida creencia en la capacidad
inferior de las masas para captar y recordar, es importante sólo porque las
convence de la consistencia en el tiempo.
Lo que las masas se niegan a reconocer es el carácter fortuito que penetra
a la realidad. Están predispuestas a todas las ideologías porque éstas explican
los hechos como simples ejemplos de leyes y eliminan las coincidencias
inventando una omnipotencia que lo abarca todo a la que se supone en la
raíz de cualquier accidente. La propaganda totalitaria medra en esta huida de
la realidad a la ficción, de la coincidencia a la consistencia.
La incapacidad principal de la propaganda totalitaria estriba en que no
puede colmar este anhelo de las masas por un mundo completamente conse
cuente, comprensible y previsible sin entrar en un serio conflicto con el sen
tido común. Si, por ejemplo, todas las «confesiones» de los oponentes políti
cos en la Unión Soviética son formuladas en el mismo lenguaje y admiten los
mismos motivos, las masas hambrientas de consistencia aceptarán la ficción
como prueba suprema de su veracidad; mientras que el sentido común nos
dice que es precisamente su consistencia lo que se halla fuera de este mundo
y nos prueba que han sido previamente elaboradas. Figurativamente hablan
do, es como si las masas exigieran una constante repetición de la versión
bíblica de los Setenta, cuando, según una antigua leyenda, setenta autores,
cada uno aisladamente, lograron una versión idéntica del Antiguo Testamen
to. El sentido común puede aceptar el hecho sólo como leyenda o como
milagro; pero puede aducirse también como prueba de la absoluta fidelidad
de cada palabra del texto traducido.
29 Es interesante advertir que, durante la eta de Stalin, los bolcheviques acumularon los complots,
que el descubrimiento de uno nuevo no significaba que abandonaran el anterior. La conspiración
trotskista comenzó hacia 1930; la conjura de las 300 familias se añadió durante el período del Fren
te Popular, a partir de 1935; el imperialismo británico se convirtió en una conspiración durante la
alianza Stalin-Hitler; e! «Servicio Secreto Americano» siguió poco después de la terminación de la
guerra; la última conspiración, eí cosmopolitismo judío, tuvo una obvia e inquietante semejanza con
la propaganda nazi.
