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TOTALITARISMO
ción según el veredicto de la genética»23, decían los nazis, de la misma mane
ra que los bolcheviques aseguraban a sus seguidores que las fuerzas económi
cas tenían el poder de un veredicto de la historia. Por eso prometían una «vic
toria», independiente de las derrotas y de los fracasos «temporales» en empre
sas específicas. Porque las masas, en contraste con las clases, deseaban la
victoria y el éxito como tales, en su forma más abstracta; no estaban unidas
por esos especiales intereses colectivos que consideran las clases esenciales
para su supervivencia como grupo y que por eso pueden, afirmar frente a pro
babilidades abrumadoras. Para las masas, más importante que el que la causa
pueda resultar victoriosa o que la empresa particular pueda resultar un éxito
es la victoria de cualquier causa y el éxito en cualquier empresa.
La propaganda totalitaria perfecciona las técnicas de la propaganda de
masas, pero ni las inventa ni origina sus temas. Éstos le fueron preparados
durante los cincuenta años de auge del imperialismo y de la desintegración
de la nación-estado, cuando el populacho penetró en la esfera de la política
europea. Como los primitivos líderes del populacho, los portavoces de los
movimientos totalitarios poseyeron un fírme instinto para todo lo que la pro
paganda partidista ordinaria o la opinión pública desatendía o no se atrevía a
tocar. Todo lo oculto, todo lo que fluía en silencio, se convirtió en tema del
más relevante significado, al margen de su propia importancia intrínseca. El
populacho creía realmente que la verdad era todo lo que una sociedad respe
table hipócritamente había pasado por alto u ocultado con la corrupción.
El misterio como tal se convirtió en el criterio principal para la elección
de temas. No importaba el origen del misterio; podía descansar en un deseo
secreto, razonable y políticamente comprensible, como en el caso del Servi
cio Secreto Británico o del Deuxième Bureau francés; o en la necesidad conspiratoria de los grupos revolucionarios, como en el caso de los anarquistas y
de otras sectas terroristas; o en la estructura de sociedades cuyo contenido
secreto originario había llegado a ser muy bien conocido y donde sólo el ri
tual formal retenía todavía el antiguo misterio, como en el caso de los franc
masones; o en las antiguas supersticiones que habían tejido leyendas en torno
a ciertos grupos, como en el caso de los jesuítas y de los judíos. Los nazis fue
ron indudablemente superiores en la elección de tales temas para la propa
ganda de masas; pero los bolcheviques llegaron gradualmente a aprender la
técnica, aunque se apoyaron menos en los misterios tradicionalmente acepta
dos y prefirieron sus propias invenciones: desde mediados de los años treinta,
en la propaganda bolchevique una misteriosa conspiración mundial ha segui
do a otra, comenzando con la conspiración de los trotskystas y siguiendo con1
1S Nazi Primer.
