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TOTALITARISMO
su objetivo es el bienestar humano, un concepto que resulta profundamente
extraño al totalitarismo16.
, Es precisamente porque se daba por supuesto el meollo utilitario de las
ideologías por lo que representó tal shock el comportamiento antiutilitario de
los gobiernos totalitarios y su completa indiferencia hacia los intereses de las
masas. Esta peculiaridad introdujo en la política contemporánea un insospe
chado elemento de imprevisibilidad. Sin embargo, la propaganda totalitaria
— aunque en la forma de un nuevo énfasis— había indicado, incluso antes
de que el totalitarismo hubiera conquistado el poder, cuán lejos se habían
separado las masas de la simple preocupación por sus propios intereses. Así,
la sospecha de los aliados de que el asesinato de los dementes, ordenado por
Hitler al comienzo de la guerra, tenía que ser atribuido al deseo de librarse de
bocas innecesarias que alimentar estaba totalmente injustificada17. Hitler no
se veía obligado por la guerra a desembarazarse de todas las consideraciones
éticas, sino que estimaba las matanzas en masa de la guerra como una incom
parable oportunidad para iniciar un programa de asesinatos que, como todos
los demás puntos de su plan, estaba calculado en términos de milenios18.
Dado que virtualmente toda la historia europea a lo largo de muchos siglos
ha enseñado a la gente a juzgar cada acción política por su cut bono, y todos
los acontecimientos políticos, por sus intereses particulares subyacentes, se
vio de repente enfrentada con un elemento de imprevisibilidad sin preceden
tes. En razón de sus calidades demagógicas, la propaganda totalitaria, que
mucho antes de la conquista del poder señalaba claramente cuán poco se sen
tían impulsadas las masas por el famoso instinto de conservación, no fue
!S WilÜam Ebenstein, The Nazi State, Nueva York, 1943, al examinaría «Permanente Economía de
Guerra» del estado nazi es casi el único crítico que ha comprendido que «da inacabable discusión...
acerca de la naturaleza socialista o capitalista de la economía alemana bajo el régimen nazi es consi
derablemente artificial... [porque] tiende a pasar por alto el hecho vital de que el capitalismo y el
socialismo son categorías relacionadas con la economía occidental del bienestar» (p. 239).
17 En este contexto resulta característico el testimonio de Karí Brandt, uno de tos médicos encarga
dos por Hitler de la realización del programa de eutanasia (Medical Trini. US against Karí Brandt et
al, Henring ofMay 14,1947). Brandt protestó vehementemente contra la sospecha de que el proyec
to fuera iniciado para, eliminar a superfinos consumidores de alimentos; recalcó que los miembros
del partido que aportaron a la discusión semejantes argumentos fueron ásperamente rechazados. En
su opinión, las medidas fueron adoptadas exclusivamente por «consideraciones éticas». Lo mismo
cabe decir, desde luego, en lo que se refiere a las deportaciones. Los archivos están repletos de mem o
rándums desesperados redactados por militares que se quejaban de que la deportación de millones de
judíos y de polacos no prestaba en absoluto atención a todas las «necesidades militares y económicas»
(véase Poliakov, op. cit, p. 321, así como el material documental allí publicado).
13 El decreto decisivo que inició todos los subsiguientes crímenes en masa fue firmado por H itler el
1 de septiembre de 1939 (el día en que estalló la guerra) y se refería no simplemente a los dementes
(como se ha supuesto erróneamente a menudo), sino a todos aquellos que estaban «incurablemente
enfermos». Los locos fueron sólo los primeros.
