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TOTALITARISMO
halla caracterizado por su insistencia casi exclusiva en la profecía científica,
diferenciada del anticuado recurso al pasado. En ninguna parte aparece más
claramente el origen ideológico, del socialismo en un caso y del racismo en
otro, que cuando sus portavoces pretenden haber descubierto las fuerzas
ocultas que les traerán buena suerte en la cadena de la fatalidad. Existe, des
de luego, un gran atractivo para las masas en los «sistemas absolutistas que
presentan todos los acontecimientos de la historia como dependientes de
grandes causas primeras enlazadas por la cadena de la fatalidad y que, en rea
lidad, eliminan a los hombres de la historia de la raza humana» (en palabras
de Tocquevilíe). Pero no puede dudarse de que la jefatura nazi creía realmen
te, y no simplemente las utilizaba como propaganda, en doctrinas como las
siguientes: «Cuanto más cuidadosamente reconocemos y observamos las le
yes de la naturaleza y de la vida..., tanto más nos ajustamos a la voluntad del
Todopoderoso. Cuanto mejor sea nuestra percepción de la voluntad del Todo
poderoso, mayores serán nuestros éxitos»10. Es completamente evidente que
bastarían unos pocos cambios para expresar así el credo de Staiín: «Cuanto
más cuidadosamente reconocemos y observamos las leyes de la historia y de
la lucha de clases, tanto más nos ajustamos al materialismo dialéctico. Cuan
to mejor sea nuestra percepción del materialismo dialéctico, mayores serán
nuestros éxitos». En cualquier caso, difícilmente podría quedar mejor ¡lustra
da la noción de Staíin de la «jefatura correcta»11.
La propaganda totalitaria elevó ai cientificismo ideológico y a su técnica
de formulación de afirmaciones en forma de predicciones a una cumbre de
eficiencia de método y de absurdo de contenido porque, demagógicamente
hablando, difícilmente hay mejor manera de evitar una discusión que la de
liberar a un argumento del control del presente, asegurando que sólo el futu
ro puede revelar sus méritos. Sin embargo, las ideologías totalitarias no
inventaron este procedimiento ni fueron las únicas en utilizarlo. El cienti
ficismo de la propaganda de masas ha sido tan universalmente empleado en
la política moderna que ha llegado a ser interpretado como un signo más
10 Véase el importante memorándum de M artin Bormann sobre tas «Relaciones entre el Nacional
socialismo y el Cristianismo», en Nazi Compimcy, VI, pp. 1036 y ss. Formulaciones semejantes pue
den hallarse una y otra vez en la literatura panfíetaria editada por las SS para el «adoctrinamiento
ideológico» de sus aspirantes. «Las leyes de la naturaleza están sujetas a una inalterable voluntad que
no puede ser influida. Por eso es necesario reconocer estas leyes» («SS-Mann und Blutsfrag, Schrtftenreihefilrdie weltanschnulicbe Schulung der Ordnungspoüzei, 1942). Todo esto son sólo variaciones de
ciertas frases tomadas del Mein Kampfác Hítler, de la que se cita la siguiente como lema del panfle
to más arriba mencionado: «Cuando el hombre trata de luchar contra la férrea lógica de la naturale
za choca con los principios básicos a los que debe exclusivamente su misma existencia como hom
bre».
!i J. Staiín, Leninism (1933), vol. II, cap. III.
