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PRIMER MANUSCRITO
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En la relación del trabajo enajenado, cada hombre con
sidera, pues, a los demás según la medida y la relación en la
que él se encuentra consigo mismo en cuanto trabajador.
[XXV]
Hemos partido de un hecho económico, el ex
trañamiento entre el trabajador y su producción. Hemos ex
puesto el concepto de este hecho: el trabajo
.
trañado.
enajenado, ex
Hemos analizado este concepto, es decir, hemos
analizado simplemente un hecho económico.
Veamos ahora cómo ha de exponerse y representarse en la
realidad el concepto del trabajo enajenado, extráñado.
Si el producto del trabajo me es ajeno, se me enfrenta
como un poder extraño, entonces ¿a quién pertenece?
Si mi propia actividad no me pertenece; si es una actividad ajena, forzada, ¿a quién pertenece entonces?
A un ser otro que yo.
¿Quién es ese ser?
¿Los dioses? Cierto que en los primeros tiempos la pro
ducción principal, por ejemplo, la construcción de tem
plos, etc., en Egipto, India, México, aparece al servicio de
los dioses, como también a los dioses pertenece el produc
to. Pero los dioses por sí soios no fueron nunca los dueños
del trabajo. Aún menos de la naturaleza. Qué contradicto
rio sería que cuando más subyuga el hombre a la naturale
za mediante su trabajo, cuando más superfluos vienen a re
sultar los milagros de los dioses en razón de los milagros de
la industria, tuviese que renunciar el hombre, por amor de
estos poderes, a la alegrfa. de la producción y al goce del
producto.
El ser extraño al que pertenecen el trabajo y el producto
del trabajo, a cuyo servicio está aquél y para cuyo placer sir
ve éste, solamente puede ser el hombre mismo.
Si el producto del trabajo no pertenece al trabajador, si es
frente a él un poder extraño, esto sólo es posible porque per
tenece a otro hombre que no es el trabajador. Si su actividad
es para él dolor, ha de ser goce y alegría vital de otro. Ni los
