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PRIMER MANUSCRITO
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Ricardo en su libro (Renta de la tierra): Las naciones son
sólo talleres de producción, el hombre es una máquina de
consumir y producir; la vida humana un capital; las leyes
económicas rigen ciegamente al mundo. Para Ricardo los
hombres no son nada, el producto todo. En el capítulo 26 de
la traducción francesa se dice (65):
suma baste a un adulto para una vida simple, el propietario de 2.000 fran. cos de rentas, aparcerías o alquileres, fuerza, pues, a cinco hombres a tra
bajarpara él, 1 00.000 francos de renta representan el trabajo de 250 hom
bres yun millón el trabajo de 2.500 individuos (luego 300 millones -Luis
Felipe- el trabajo de 750.000 obreros). (Ibid., págs. 412-413).
Los propietarios han recibido de la ley humana el derecho de usar y
abusar, es decir, de hacer lo que quieran de la materia de todo trabajo ...,
la ley no los obliga en absoluto a proporcionar siempre y oportuna
mente trabajo a los no propietarios ni a pagarles siempre un salario su
ficiente, etc. (Pág. 413, l. c.).
Libertad total en cuanto a la naturaleza, la cantidad, la calidad y la
oportunidad de la producción, al uso y consumo de las riquezas, a la
disposición sobre la materia del trabajo. Cada cual es libre de intercam
biar sus bienes como le parezca, sin otra consideración que su propio
interés individual. (Pág. 413, l. c.).
La competencia no expresa más que el cambio voluntario que a su
vez es la consecuencia directa y próxima del derecho individual de
usar y abusar de los instrumentos de producción. Estos tres momen
tos e_conómicos, que no forman más que uno: el derecho de usar y abu
sar, la libertad de cambio y la competencia arbitraria, entrañan las si
guientes consecuencias: cada cual produce lo que quiere, como quiere
y donde quiere; produce bien o mal, demasiado o no lo bastante, de
masiado pronto o demasiado tarde, demasiado caro o demasiado ba
rato; cada cual ignora si venderá, cómo venderá, cuándo venderá,
dónde venderá y a quién venderá; y lo mismo sucede respecto a las
compras
[XIII]. El productor ignora las necesidades y los recursos, las
demandas y las ofertas. Vende cuando quiere, cuando puede, donde
p
quiere, a quien quiere y al precio. que quiere. Y com ra en la misma
forma. En todo ello es siempre juguete del azar, esclavo de la ley del
más fuerte, del menos apremiado, del más rico ... Mientras que en un
lugar hay e�casez de un bien, en otro hay exceso y despilfarro . Mien
tras un productor vende mucho o muy caro y con un beneficio enor
me, otro no vende nada o vende a pérdida... La oferta desconoce la de
manda y la demanda ignora la oferta. Se produce sobre la base de un
